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Friday, March 07, 2014

Cambio climático: análisis de un conflicto

La transformación de conflictos es una rama de las ciencias sociales que estudia la dinámica de los conflictos. Un conflicto es una incompatibilidad de objetivos, o sea, cuando dos o más personas tienen metas que son inalcanzables simultáneamente. Su estudio considera el análisis de causas y consecuencias, los pronósticos futuros y las propuestas para dirimir las contenciones.

El cambio climático es el nombre que se le da a una serie de alteraciones climatológicas y ambientales cuya causa principal es el quehacer humano en el planeta. Constituye un conflicto porque no es posible seguir consumiendo recursos naturales a un ritmo más acelerado de lo que el planeta mismo puede regenerar naturalmente, y cuyo residuo es un nivel de contaminación de aire, agua, tierra fértil y ecosistemas que reduce la capacidad del planeta de sostener la vida. Nosotros mismos somos los causantes del problema pero no somos sus únicas víctimas, pues afecta a todas las formas de vida.

Existen tres causas primordiales del efecto humano en el cambio climático, a saber: a) la deforestación de bosques, que libera grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera; b) la industria de la carne de res, que debe mantener mil millones de cabezas de ganado vacuno (vacas, toros, bueyes, búfalos, yaks); y c) el transporte vehicular, que incluye transporte público y privado de personas y transporte de mercancías comerciales tales como alimentos, combustibles fósiles, entre otros.

Uno de los elementos fundamentales de un conflicto es el paso del tiempo. O sea, qué sucederá en el futuro si se mantienen las causas que lo generan, si continúan agravándose, o si, por el contrario, se reducen significativamente. Contamos con un buen ejemplo de un conflicto de carácter global y ambiental que fue transformado exitosamente. Hace 30 años se identificó un gran agujero en la capa de ozono que filtra buena parte de los rayos ultravioleta que provienen del sol. Se llegó a un acuerdo mundial para reducir el uso de clorofluorocarbonos (CFCs), que eran el principal causante del conflicto, y se detuvo eficazmente la agravación del problema.

Según el impacto negativo que hemos tenido en los ecosistemas, los pronósticos indican que para mediados de este siglo las condiciones de vida en la Tierra serán muy inferiores a la actualidad. Muchos estaremos retirados para entonces, pero es probable que nuestros hijos y nietos estén en su edad más próspera y deban vivir y sufrir esa realidad futura que estamos provocando hoy.

Existe un elemento agravante respecto al cambio climático, y es la reducida cantidad de personas que conocen del problema. La inmensa mayoría de la población desconoce siquiera que exista. No nos referimos a quienes lo niegan o prefieren no creer que sea un problema o que sea tan grave, sino a miles de millones de personas a quienes no les ha llegado la noticia de semejante conflicto. En eso han fallado dramáticamente las autoridades públicas del mundo, ya que, si bien buena parte de las soluciones deberían provenir de ese sector, es mucho lo que se podría hacer desde la esfera privada a nivel individual, local y regional.

Dentro de las transformaciones urgentes, importantes y accesibles están la sustitución de fuentes fósiles de energía por fuentes renovables; cambios culturales respecto al uso del transporte, al consumo de bienes que provocan deforestación o que provienen de lejanas distancias; y la comunicación efectiva del problema, de manera que entre todos podamos hacerle frente lo antes posible.

Paz es la capacidad de transformar conflictos de manera creativa y armoniosa. Eso es lo que queremos.

Wednesday, January 01, 2014

2014: Prosperidad ambiental // Environmental prosperity

[English below] Se acabó el 2013 en Japón. De nuevo ha sido un año nefasto para la vida en la Tierra, el único planeta del que la ciencia tiene conocimiento en el que existe vida en todo el universo. De nuevo este año se perdieron 52.000 Km2 de bosques, 70.000 Km2 de tierra fértil por erosión y otros 120.000 Km2 por desertificación. Lo peor de la crisis ambiental que vivimos es que esa pérdida de biocapacidad reduce sensiblemente la habilidad de los ecosistemas de regenerarse y absorber las emisiones de dióxido de carbono, que este año aumentaron en mil millones de toneladas métricas con respecto al año anterior. O sea, que a pesar de todo lo que sabemos, de todo lo que ya se está haciendo para transformar la situación, y de toda la conciencia que se ha venido creando, el problema, lejos de detenerse y revertirse, aún continúa agravándose. Dice el gran maestro de la eficacia, Stephen Covey, que “saber y no hacer es como no saber.” ¿Nos damos cuenta de que este problema no es sólo de quienes están dando la vida por resolverlo, sino que ya nos afecta a todos por igual, incluso a las generaciones que aún no han nacido? Este año que comienza, lo único que deseo es menos emisiones de CO2 que el año anterior, mayor cobertura boscosa y menor deforestación, pero ante todo, mayor coherencia en la especie humana entre la inteligencia que tenemos y nuestro comportamiento. La prosperidad es fundamentalmente un asunto de actitud. ¡Que así sea el 2014 para todos!


2013 is gone in Japan. It has been another devastating year for life on Earth, the only planet in the universe about which science has knowledge of the existence of life. Again this year 52,000 Km2 of forests were lost to deforestation, 70,000 Km2 of fertile soil has been lost to erosion, and an additional 120,000 Km2 were lost to desertification. The worst thing about the environmental crisis we live in is that this biocapacity loss significantly reduces the ecosystem’s ability to regenerate and absorb carbon emissions, which this year increased by one billion metric tons with respect to the previous year. In other words, despite everything we know, everything that has been done already to transform the situation, and all the awareness that has been created, the problem, far from stopping and reverting, is aggravating further. The great master of effectiveness, Stephen Covey, said “to know and not do is not to know”. Do we realize that this problem belongs not only to the people giving their lives to solve it, but that it affects each and every one of us, even our unborn generations? This year that starts my only wish is less carbon emissions than last year, greater forest coverage and less deforestation, but above all, greater coherence between humanity’s intelligence and our behavior. Prosperity is fundamentally a matter of attitude. May 2014 be so for all of us!





Wednesday, September 11, 2013

Discurso inaugural en la Universidad de las Naciones Unidas - Tokio, Japón


Discurso inaugural
Universidad de las Naciones Unidas

Profesor Dr. David Malone, Rector de la Universidad de las Naciones Unidas,

Profesor Dr. Kazuhiko Takeuchi, Vice-rector y director del Instituto de Paz y Sostenibilidad,

Distinguidos funcionarios de gobierno,

Colegas del cuerpo diplomático,

Estudiantes, profesores y empleados de la Universidad,

Queridos amigos,

Buenos días. Les agradezco a todos por estar aquí. He preparado unas breves palabras con especial dedicación para los estudiantes que hoy inician el curso intensivo de cinco semanas que definitivamente transformará sus vidas de varias maneras.

El año pasado tuve el privilegio de participar en el evento de clausura, donde estudiantes como ustedes presentaron sus proyectos grupales a un panel de invitados del cual formé parte, y me llamó la atención cuánto conocimiento fue invertido por los participantes en la creación de ideas que no habrían existido de otra forma.

Fue un muy buen ejemplo de creación de valor compartido: conjuntar las fortalezas individuales para darle vida a algo que no hubieran logrado individualmente o por separado. Es una ilustración precisa de la sinergia. Esto es lo que estarán haciendo ustedes desde ahora hasta mediados de octubre.

Permítanme compartir una breve historia de mi familia. My bisabuelo nació en el siglo XIX y murió a la edad de 96 años. Mis dos abuelas tienen 98 años y con una de ellas hablo todos los sábados por teléfono. Le pregunto por sugerencias para lograr vivir tanto tiempo en tan buenas condiciones, y siempre responde acerca de la manera como ella ha cuidado su salud.

Me lleva a preguntarme si conduzco mi vida de la misma manera saludable o si mis circunstancias y escogencias van en detrimento de mi longevidad genética. También me lleva a preguntarme cuan diferente fue el siglo XX que ella vivió de este siglo XXI que estamos viviendo.

Hasta la fecha, cada año de este siglo XXI la humanidad ha producido más de 30 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, una figura difícil de comprender por su gran dimensión. Simultáneamente, el planeta ha estado perdiendo hasta 250 mil kilómetros cuadrados de biomasa fértil por causa de la deforestación, la erosión de los suelos y la desertificación. Para poner esta cifra en contexto, es el equivalente a perder toda la cobertura boscosa de Japón cada año.

No sólo estamos liberando cantidades excesivamente grandes de un gas altamente tóxico al aire que respiramos, sino que estamos reduciendo la vegetación que podría limpiar aquella contaminación a una velocidad asombrosamente acelerada. Me lleva a preguntarme cuánto más comportamiento humano podrá soportar el planeta. Estamos, claramente, en curso de colisión.

La ciencia, aunque limitada en su capacidad de explicar la extensión del problema, por lo menos ha logrado probar que las emisiones de dióxido de carbono emitidas por el ser humano a la atmósfera están alterando patrones climáticos globales, perturbando un balance que ha permanecido dentro de un rango normal de estabilidad por los últimos cuatro millones de años. El ritmo de cambio ambiental es más rápido que lo que ha ocurrido en cualquier otro período geológico hasta ahora registrado.

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Mi definición favorita de “conflicto” es simplemente una incompatibilidad de metas. Lo que acabo de describir es un conflicto global que involucra a toda la humanidad y también a todas las demás formas de vida: no podemos continuar nuestro comportamiento colectivo si queremos sobrevivir y progresar como civilización en el único planeta donde tenemos conocimiento que existe vida.

Mi definición favorita de paz, parafraseando a Johan Galtung, es

“la habilidad de transformar conflictos de manera empática, creativa y armoniosa.”

Si la asumimos como válida, esta definición nos permite enfocarnos en lo que es esencial para transformar cualquier conflicto, incluso el cambio climático. Lo primero es la empatía –ponerse en los zapatos del otro- no sólo entre seres humanos, sino también con otra especies que están en peligro de extinción. Lo segundo es la creatividad. Einstein dijo que no podemos superar los problemas pensando de la misma manera como pensábamos cuando caímos en ellos. Así que debemos ser creativos. Y lo tercero es la armonía, o la sensibilidad para movernos hacia escenarios de prosperidad con el menor grado posible de violencia o sufrimiento.

A diferencia de un siglo atrás, hoy existen ciudadanos globales que ejercitan su liderazgo hacia la transformación eficaz de los más severos asuntos globales. Ellos están preocupados e involucrados en asuntos que van más allá de su lugar de nacimiento, su lugar de residencia o el estado que emitió su pasaporte. Ellos son los que entienden que lo que sucede en Asia no se queda en Asia, sino que afecta África, Europa y las Américas.

Creo que los ciudadanos globales comparten, al menos, seis características: comprensión de diferentes estilos de liderazgo; sensibilidad cultural para ser más adaptables a diferentes entornos culturales; destrezas de facilitación o mediación en situaciones de conflicto; técnicas de comunicación efectiva que les permiten expresarse de manera asertiva; destrezas de negociación; y un sentido de ética global, o claridad acerca de la virtud y del bien en todo contexto cultural.

Todos ustedes son ciudadanos globales, así sea que eligieron serlo o no. También creo que en el transcurso de las próximas cinco semanas, se encontrarán en varias situaciones con sus compañeros, en las cuales se percatarán de que están activamente vinculados como ciudadanos globales, lidiando con asuntos que quizás no les eran familiares esta mañana.

Lo que me resulta más fascinante sobre la ciudadanía global es que es un proceso continuo de aprendizaje que nunca concluye. Siempre se puede aprender más, estudiar más, escuchar más y crecer más. Sean conscientes, a lo largo de esta experiencia académica, de cuánto se consolidará su ciudadanía global entre colegas de diferentes países, y quizás más importante, viviendo en una de las ciudades más globales del mundo.

La reciente designación de Tokio como la ciudad que hospedará los Juegos Olímpicos del 2020 es una confirmación de su relevancia mundial. Además, la revista Fortune señala a Tokio como la segunda ciudad más global del mundo en términos de impacto económico e influencia política de las decisiones que se toman aquí, sobre todo por casi 50 de las corporaciones más grandes del mundo cuyas sedes centrales están ubicadas en esta ciudad.

Tokio no sólo ofrece una oportunidad única de expandir su ciudadanía global. De acuerdo con el Índice de Paz Global, Japón está entre los diez países más pacíficos del orbe. Es un hecho aún más llamativo si consideramos que 125 millones de personas viven en un país que tiene 72% de cobertura boscosa, lo cual deja apenas una pequeña fracción del territorio para asentamientos humanos. Ante tan alta densidad demográfica, es impresionante que el nivel de conflicto y violencia sea tan bajo en Japón.

¿Qué han hecho diferente los japoneses en comparación con otros países del mundo? Los dejo con esta pregunta para que exploren en las próximas semanas con sus colegas. Confío en que descubrirán elementos que enriquecerán sus comunidades en sus países de origen.  

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Reflexiono acerca de las definiciones de conflicto y paz que introduje anteriormente. Los ciudadanos globales deben crear conciencia de que la humanidad no podrá transformar los conflictos globales por medio del uso de la fuerza militar. Cada año, el mundo gasta en conjunto 1.7 billones de dólares (en inglés, trillion) en gasto armamentista. Esto es diez veces más de lo que las Naciones Unidas considera necesario cada año para invertir en adaptación al cambio climático y al cumplimiento de las Metas de Desarrollo del Milenio conjuntamente. Aún más absurdo es que ninguna catástrofe relacionada con el clima puede ser detenida con armas de guerra. 

Ya hay militares de alto rango confirmando lo que los ecologistas han sugerido por décadas, que una de las principales amenazas a la paz y a la seguridad en los años venideros es el cambio climático.

Por lo tanto, lo que requerimos es un tipo especial de paz: una paz con la naturaleza. Debemos recuperar la biocapacidad planetaria y su capacidad para generar todos los recursos naturales que consumimos cada día en cada rincón del mundo. Debemos ser empáticos hacia otras formas de vida y preservar la abundante riqueza de los bosques que aún existen, la mayoría de los cuales se encuentran en países en vías de desarrollo en el sureste asiático, África y América Latina. Debemos innovar hacia una mayor eficiencia energética, incluyendo fuentes renovables de electricidad, tecnologías para ciudades inteligentes que permitan una mayor calidad de vida con una menor demanda energética, y un manejo más eficiente de otros recursos naturales y materias primas no renovables.

Soy fiel creyente de que podemos hacer lo requerido para alcanzar esta paz con la naturaleza. Sugiero que podemos lograrlo por medio de la bioalfabetización, que es la habilidad de entender el lenguaje de la vida, como el ciclo del agua, el ciclo del carbono, el proceso de fertilidad que describen todos los ecosistemas naturales, la comprensión de la huella ecológica humana en el planeta y las múltiples y enormes oportunidades de desarrollo de infraestructura verde de manera que resulte financiera, social y ecológicamente sostenible.

Esto no es solamente pensamiento desiderativo. Desde el 2011, la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico- ha propuesto el crecimiento verde como una política internacional de desarrollo económico. Un día, en el futuro, el crecimiento verde nos llegará. No esperemos a que llegue ese día. ¡Lleguemos nosotros primero! Utilicemos nuestra ciudadanía global, nuestras destrezas de liderazgo, técnicas y orientación ética para aprovechar las ventajas que representa el crecimiento verde en este siglo.

Somos la única generación en la civilización humana que ha enfrentado un desafío global de tan inmensas proporciones. Las oportunidades de transformación están ante nuestros ojos. Todo lo que requerimos es entender el conflicto para entender las maneras de resolverlo.

Permítanme compartir otra reflexión personal. En dos meses, mi esposa dará a luz a nuestro primogénito. Si este bebé tiene la misma longevidad genética de mis ancestros, significa que él o ella tendrá 87 años al celebrarse la llegada del siglo XXII. Ninguno de nosotros en este auditorio estará vivo entonces, pero probablemente mi hijo sí lo estará, y muy probablemente sus hijos también. Tengo claro que represento un puente en mi familia entre los siglos XIX y XXII. Es por ello que, para mí, el cambio global ambiental es un asunto personal. Es una batalla que he elegido luchar, y los insto a que hagan lo mismo.

Deseo terminar con una frase de un libro que leí la semana pasada y me hizo pensar en ustedes:  

“La inspiración es algo mágico, un multiplicador de la productividad, un motivador. Pero no los esperará. La inspiración es una cuestión del ahora. Si los atrapa, atrápenla de vuelta y pónganla a trabajar.”


Muchas gracias.

Tokio, Japón
9 de setiembre, 2013

Thursday, July 12, 2012

Trocar armas por árboles

En 1948, recién concluida la más cruenta guerra que ha visto la civilización, Costa Rica decidió eliminar el ejército militar como una decisión política que cumpliera dos funciones: la primera, garantizar que nunca se utilizaría la fuerza armada institucional para intervenir en conflictos domésticos ni internacionales; y la segunda, redirigir el tradicional gasto militar a otras necesidades públicas como educación y salud.

El experimento dio resultado y la pequeña nación costarricense se destacó, en su violento entorno regional, como una nación de paz con altos índices de salud y educación de la población.

En 1979, una reforma de ley cambió la forma en la que Costa Rica se relacionaba con sus bosques. En pocos años, se detuvo la deforestación y se introdujo el pago por servicios ambientales para incentivar la conservación y reforestación en el país. 

Treinta años después, Costa Rica ha logrado duplicar su cobertura boscosa, siendo líder global en conservación de ecosistemas, turismo sostenible, clasificación de biodiversidad, pago por servicios ambientales, y esfuerzos por neutralizar sus emisiones de carbono, al tiempo que se triplicó el producto nacional bruto del país apostando por empleos de alto valor agregado y baja huella ecológica como los servicios y la manufactura de tecnología avanzada, sin olvidar la eficiente agricultura de calidad mundial.

Hoy en día, cuando la humanidad se gasta anualmente más de un billón de dólares (en inglés, trillion) en armas y mantenimiento de ejércitos, y en que el cambio climático representa una acumulación de costos sociales, económicos y ambientales presentes y futuros, cuya adaptación requiere, según expertos, unos 100 mil millones de dólares (en inglés 100 billion) anuales, valdría la pena considerar el modelo exitoso de desarrollo sostenible de Costa Rica. El dinero existe. Lo que hace falta es virtud y valentía para tomar las decisiones requeridas. 

Saturday, May 19, 2012

Sobre vegetarianismo

Mi buen amigo Felipe Castro Truque ha compartido un estupendo ensayo de Paul Watson, famoso por su proyecto Sea Shepherd, sobre vegetarianismo desde el punto de vista de los esfuerzos por la conservación medioambiental.

Me especialicé académicamente en transformación de conflictos y desde entonces me resulta un hábito bastante sencillo identificarlos. El 6 de julio de 2007, el entonces presidente de la República, Óscar Arias Sánchez, sonó fuerte la alarma del cambio climático por parte de su desafortunadamente infame discurso de Paz con la Naturaleza, declamado en un inmejorable escenario en el Teatro Nacional. Ese día sentí un llamado de conciencia y decidí comprometer mis mejores esfuerzos el resto de mi vida por combatir lo que, a mi juicio, constituye el más grave y complicado conflicto que la civilización humana y el planeta vivo jamás haya enfrentado: el cambio climático antropogénico.

Desde entonces inicié un afanoso trayecto de estudio de las causas y las consecuencias según el criterio de expertos y escépticos. He invertido miles de horas leyendo y conversando con expertos, elaborando hipótesis, escribiendo en mis notas y en este blog al respecto, intentando diagnosticar el conflicto de una manera que nos permita transformarlo eficazmente.

La misma noche del discurso Paz con la Naturaleza recibí confirmación de mi designación como diplomático en la primera Embajada que Costa Rica abriría en la República Popular China. Así que también invertí cientos de horas estudiando sobre el gigante asiático. Comprender los hábitos de consumo y el vertiginoso crecimiento económico y proyecciones futuras de aquel enorme país me permitió asociar los puntos para entender que nuestro planeta se encontraba en curso de colisión entre los recursos naturales disponibles y los recursos naturales que estábamos consumiendo.

En 2008, y tras consultas con mi nutricionista, decidí explorar el vegetarianismo como una manera de realizar un sacrificio personal para entender el esfuerzo colectivo que debíamos realizar como civilización para sensibilizarnos sobre el conflicto y reducir mi huella ecológica individual. Adopté esta dieta como resolución de Año Nuevo y desde el 31 de diciembre de 2008 suspendí el consumo voluntario de todo tipo de animal y sus derivados lácteos. Por recomendación de mi nutricionista, consumo 1000 mg de aceite de pescado en cápsula por día, así como 6 huevos no fecundados de gallina por semana, ya que el cerebro requiere de un amino ácido que sólo existe en proteína de origen animal. El resto de mi proteína la obtengo de frijoles, lentejas, tofu, nueces y semillas, vegetales de hoja verde, y demás.

Deseo agregar que, por razones laborales, me he visto comprometido a comer carne en platillos que han sido servidos en ejercicio de mi cargo diplomático como embajador en Japón, muy especialmente durante el almuerzo que el Emperador Akihito le ofreció a la presidenta costarricense Laura Chinchilla durante su visita a Japón en diciembre de 2011, y la cena que le ofreció el primer ministro Yoshihiko Noda en la misma ocasión. Desde hace más de tres años aprendí que la comida es alimento y energía para el cuerpo y el cerebro, así que como lo que haya en el plato sin cuestionar su sabor o mi gusto por aquello. Es cuestión de actitud.

Quiero dejar claro que hasta mis 32 años de edad fui un omnívoro voraz. Comía de todo y en exceso. Dejar la carne implicó un compromiso inimaginable apenas unos años atrás. De hecho, lo asumí como un experimento para ver cuánto tiempo soportaría la tortura auto-infligida. Los primeros 11 días fueron difíciles. Tuve pesadillas de que me sentaba a comer con mucha hambre y sólo había carne en la mesa. El 11 de enero de 2009, durante mi meditación matutina, visualicé que se levantaba de mis espaldas un enorme peso, y comencé a sentirme muy liviano, no sólo de cuerpo, sino de mente y de espíritu, de intenciones y de emociones. Empecé a disfrutar de la sensación hasta la fecha.

Aún no he encontrado una buena razón para volver a comer animales, aunque sí debo admitir que la resolución de Año Nuevo de Mark Zuckerberg de 2011 me resultó atractiva: comer sólo carne de animales que uno mate con sus propias manos. Me ilusiona pensar que podría vivir criando y sacrificando para alimento mis propias gallinas, conejos y pescados algún día.

Creo importante mencionar que, de los gases que producen el efecto invernadero que afectan el cambio climático, aproximadamente un tercio proviene de vehículos automotores, un tercio proviene de deforestación y un tercio proviene de la industria cárnica, según lo reportó el Dr. Rajendra Pachauri, Premio Nóbel de la Paz y director del Panel Intergubernamental de Cambio Cimático en 2008, lo cual fue muy polémico entre los productores de carne del mundo.

También creo importante mencionar que el 99% de personas en el mundo no tiene una noción clara del cambio climático. O sea, no comprende la ciencia que respalda las mediciones, causas y consecuencias actuales y futuras, y cree que es algo que puede resolverse con el simple paso del tiempo.

Hay dos mil millones de personas que son ricas (hogares con ingreso mensual por persona de más de US$1000) o aspirantes a ricas (hogares con ingreso mensual por persona de entre US$300 y $1000). Los restantes cinco mil millones de personas invierten la totalidad de su tiempo y sus energías y emociones en procurar sustento diariamente, desde agua potable, como las señoras indígenas con las que conviví en Guatemala que dedicaban seis horas hábiles por día, siete días a la semana todas sus vidas, a ir al río por un poco de agua para poder beber, cocinar, lavar, limpiarse el cuerpo; hasta leña para cocinar y, por supuesto, comida, abrigo, techo, salud, seguridad, y toda otra necesidad humana básica que no tienen satisfecha como servicio adquirido.

Esto me parece pertinente porque si estás leyendo este blog quiere decir que formas parte de aquellos dos mil millones cuyo consumo individual de recursos naturales del planeta es cientos de veces mayor al promedio per capita en el planeta, y miles de veces mayor a lo que consumen los dos mil millones que menos consumen. Esto no sólo nos responsabiliza sobre las causas que provocan el cambio climático, sino que nos exige liderar la transformación.

Si no somos nosotros, entonces quién? Y si no ahora, entonces cuándo?

Sunday, April 15, 2012

Bioalfabetización y comportamiento ecológicamente virtuoso

El bio-alfabetismo –la capacidad de entender y explicar el ciclo de vida de los ecosistemas- es el lenguaje individual y colectivo que determina la aptitud para prosperar como comunidad global. El resultado más positivo de este poderoso concepto es el criterio binario de toma de decisión respecto de si una acción humana degrada o regenera el ecosistema. Debemos evitar aquellas y apoyar estas.

La aproximación que algunas veces hacemos del conflicto del cambio climático son ineficaces. Por ejemplo, si reducimos las causas del problema a las emisiones de carbono, nos enfocamos en la quema de carbón y petróleo como fuentes de energía y perdemos de vista los demás efectos que el comportamiento humano tiene en los ecosistemas. Por ejemplo, cuáles son las consecuencias del uso de pesticidas y agroquímicos en los microorganismos que mantienen la riqueza y la fertilidad de la tierra en la cual cultivamos nuestros alimentos? O qué sucede con el champú y la pasta de dientes cuando se va por el drenaje después de su uso?

Cuestionarnos las consecuencias ecológicas de nuestro comportamiento individual podría tener un efecto muy positivo. Primero, nos permitiría percatarnos de que estamos utilizando un recurso más de lo que en realidad necesitamos (comida y agua, por ejemplo). También podría ponernos a pensar creativamente acerca de formas de reducir el consumo de otros productos (como bolsas plásticas en el mercado llevando las propias) o buscando productos que cuenten con una certificación ambiental que garantice ya sea su bajo impacto ecológico negativo o su alto impacto ecológico positivo.

Este proceso de bio-alfabetización debe ser complementado con cambios que podamos implementar para tener un impacto positivo en nuestros ecosistemas. Sembrar árboles es la primera cosa que debemos hacer. Un árbol es una aspiradora de dióxido de carbono que absorbe más emisiones de carbono entre más crece. Esta es la razón por la cual cortar un árbol maduro es tan dañino y acelera el cambio climático, pues reduce la capacidad natural de mitigar el exceso de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Entonces, contar los árboles que sembramos tendría una influencia positiva en nuestro ecosistema e influiría positivamente en nuestra comunidad.

Otra cosa que podemos hacer es lentamente cambiar el transporte al trabajo a uno bajo en emisiones. Si podemos sustituirlo por transporte público, compartir vehículo con vecinos, ir en bicicleta o caminar al menos una vez por semana esto tendrá un efecto positivo en el medio ambiente y también en nuestra conciencia como líderes sociales.

También, velar por la forma en la que disponemos adecuadamente de los residuos en nuestra casa y lugar de trabajo de manera que se transformen en insumos de un siguiente proceso industrial (reutilización, reciclaje, compactación de residuos orgánicos, etc.) podría provocar un efecto cascada entre nuestros colegas.

Conforme empezamos a revisar todo lo que individual y colectivamente hacemos, nos adentraremos en un espiral virtuoso de transformación de la manera en la que interactuamos con nuestro medio ambiente y también la manera en la que tomamos decisiones de consumo. Estos dos procesos, a su vez, muy probablemente iniciarán la más grande ola de innovación tecnológica y social que haya experimentado nuestra civilización. Las industrias no tendrán más opción que producir bienes más amigables con el medio ambiente, no sólo diciendo lo poco que contaminan, sino, de preferencia, divulgando y promocionando lo mucho que contribuyen a la regeneración de ecosistemas por medio del consumo y uso de sus productos.

Thursday, April 12, 2012

Consumismo y adaptación al cambio climático

La adaptación al cambio climático demandará que hagamos grandes sacrificios colectivos permanentes en la forma como empleamos el tiempo, la manera de alimentarnos y entretenernos y la forma, calidad y cantidad de bienes y servicios que consumimos.

Si creemos que la economía es la esfera dominante en nuestras vidas, debemos crear conciencia de la relación estrecha y subordinada que existe entre la economía y la ecología.

Si bien hemos creado costumbre de que el consumismo regule nuestro quehacer productivo y nuestra medida de éxito y felicidad, debemos también reconocer los elementos que son esenciales para la vida en el planeta y la forma y efecto en que el consumismo los afectan.

Wednesday, February 29, 2012

Agenda regional América Latina-Japón

Recientemente fui convocado por la Cancillería japonesa junto con los demás embajadores de América Latina y el Caribe para participar en una iniciativa de su nuevo director general para nuestra región que consiste en mantener reuniones periódicas con este grupo de jefes de misión. La reunión era fundamentalmente para escuchar lo que teníamos que decir en cuanto a objetivos, temas y metodología de trabajo de este ejercicio.

Me sigue pareciendo que la agenda que más le conviene tanto a los países de la América no-anglosajona como a Japón es una agenda de crecimiento verde que consista, al menos, en cuatro áreas de intercambio: 1. Conservación medioambiental de tierras y mares; 2. Valoración económica de ecosistemas y biodiversidad; 3. Bio-innovación, sobre todo biotecnología; y 4. Nuevas tecnologías para la generación de energías renovables.

Si América Latina posee el 50% de los bosques lluviosos del planeta y acapara el 40% de toda el agua potable del mundo, no hay duda de que somos una región que aporta a la causa global un inmenso valor socioeconómico en forma de agua potable, aire limpio y alimentos producidos esencialmente con agua, sol y tierra fértil, y estos tres factores de producción abundan en América Latina como en ninguna otra región del mundo.

Quince de los treinta países con mejor eficiencia ecológica se encuentran en América Latina. Esa tendencia es el resultado de una manera particular de desarrollarnos en relativa armonía con nuestros bosques, ríos y mares. Al decir relativa, dejo plasmada la urgente cuestión de que atendamos aquellas áreas por mejorar en nuestro desempeño ambiental y nuestras metas de sostenibilidad para mejor mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Sin embargo, ese aporte planetario no ha sido monetizado de manera que entendamos los latinoamericanos la riqueza que poseemos, que no es nuestra, pero sí es nuestra responsabilidad administrarla como estados soberanos. La responsabilidad es global, y este es un tema ético que debería estar a la cabeza de toda discusión de comercio e inversión con América Latina.

Aproveché para mencionar en dicha reunión dos temas: primero, que si bien la diplomacia tradicional suele velar por los intereses nacionales de los estados que integran el "concierto de las naciones", los principales problemas que enfrentamos en la actualidad son de índole global. Así que el tiempo que dedicamos a la discusión de intereses nacionales es tiempo que dejamos de dedicar a la discusión de asuntos globales, tanto en lo que nos afectan a lo interno de nuestros países, como en lo que podríamos contribuir a su solución según las mejores prácticas que cada país haya logrado innovar e implementar exitosamente.

Lo segundo es que, independientemente de los objetivos, temas y metodología del grupo, deberíamos seguir el principio rector de la creación de valor compartido. Esto es, a partir de las fortalezas nacionales y regionales que tenemos, identificar oportunidades de innovación sinérgica.

Recuerdo a Einstein cuando dice que "no lograremos salir de los problemas pensando de la misma manera como lo hicimos cuando caímos en ellos." Debemos emplear el "design thinking" (pensamiento diseñador) para crear nuevos paradigmas que nos permitan transformar eficazmente los problemas globales que nos aquejan.

A propósito, el nuevo señor director general para América Latina de la Cancillería japonesa es experto en cambio climático. ¡Qué buena oportunidad para escuchar de él la posición oficial del gobierno japonés y el diagnóstico de ese severo y preocupante conflicto global!

América Latina cuenta con fortalezas naturales que la hacen quizás la región más resiliente a los peores escenarios del cambio climático que se vislumbran. Esa oportunidad debemos aprovecharla con determinación e iniciativa y no esperar una neo-colonización que nos diga nuevamente qué debemos hacer y por qué. Más bien, somos nosotros los que debemos decirle al mundo qué deben hacer y por qué.

Sunday, August 14, 2011

El Pacto Ambiental Nacional

Estimado don Rodrigo,

Según conversamos en días pasados, existe la necesidad de repensar políticamente nuestro quehacer ambiental como país. Cada nuevo diagnóstico científico sobre el cambio climático nos revela dos verdades: 1. Que nuestro país se enrumbó en la dirección correcta medio siglo atrás cuando articuló su afán conservacionista, su inquietud por la generación eléctrica renovable y, más recientemente, asumió liderazgo mundial en investigación en biodiversidad y desarrollo de ecoturismo; y 2. Que hay mucho más que hacer en nuevas fuentes de energía renovable, reducción de emisiones en el transporte público y privado, mejor aprovechamiento y gestión productiva de residuos y desechos, y en fuentes de financiamiento de servicios ambientales, entre otros.

En suma, hace falta ampliar y profundizar los esfuerzos de bioalfabetización que se han realizado con éxito en nuestro país y que son la misión del Instituto de Biodiversidad que usted fundó.

Si bien la gestión de las organizaciones no gubernamentales es eficaz en la sociedad civil, esa eficacia podría aumentar en varios órdenes de magnitud en cuanto a su alcance local y global si contara con alianzas en sectores académico y privado, y sobre todo, si lograra consagrar sus principios en políticas públicas sustentadas en leyes de la República.

Es por ello que me permito compartir con usted algunas ideas que he recopilado durante los lapsos en los que he residido en Noruega, China y Australia, países con quienes compartimos el perfil de liderazgo ambiental que tiene nuestro país, aunque en sectores distintos y complementarios.

Por ejemplo, Noruega ha sabido aprovechar la riqueza que ha generado el país a partir de la explotación de petróleo para incrementar sustancialmente el bienestar del país invirtiendo las ganancias en salud y educación públicas de máxima categoría, infraestructura pública moderna y de primer orden, incluyendo la conectividad digital celular y de internet, y la conservación ambiental dentro y fuera del país.

Por su parte, China ya ha comprendido la dimensión del problema climático mundial y de las amenazas que representa para su inmensa población la contaminación en tierras otrora fértiles, la deforestación y desertificación y el deshielo de glaciares. Hoy en día China es el país número uno en manufactura de turbinas eólicas y paneles solares y hay quienes sugieren que en este siglo cambiará el polo de energía mundial del petróleo árabe al sol chino.

Finalmente, Australia se ha dado a la tarea de implementar políticas públicas de cambio climático en cada estado y municipio, para que cada organización y empresa adopte las medidas requeridas para mitigar las causas que provocan alteraciones ambientales. El sur de Australia fue el primer estado en el mundo en contar con un Ministro de Cambio Climático desde 1998. La intensa sequía de la década anterior y la contaminación de cuencas dulces y saladas durante el último medio siglo han provocado la urgente necesidad de que el país se coloque a la vanguardia mundial en conservación, biodiversidad, generación de energías renovables y ecoturismo.

Nuestro país requiere de un nuevo pacto ambiental nacional, al cual todos aportemos y del cual todos nos beneficiemos. O sea, requerimos que el proceso genere sentido de pertenencia en cada costarricense.

Las oscilaciones climáticas para el próximo medio siglo podrían provocar cambios en los patrones de lluvias de nuestra zona geográfica, creando incertidumbre acerca de la viabilidad de generación de energía hidroeléctrica. Por ello, es indispensable hacer un inventario de los recursos naturales de los que dispone nuestro país para generar energía renovable proveniente de otras fuentes, lo cual ayudaría a preservar los ecosistemas en las cuencas de los ríos que, de otra forma, serían intervenidos con represas de hidrogeneración. Si no hay agua en los embalses, no podría haber electricidad. Es una apuesta muy alta como para perderla. De ahí lo elemental de la cuestión.

Con 1500 kilómetros lineales de litoral, la energía mareomotriz es una opción principalmente en la costa Pacífica donde las mareas oscilan hasta dos metros, dos veces al día. Es una fuerza que genera el mar y que se puede transformar en electricidad. Esto tendría el efecto adicional de la conservación de las zonas costeras para no entorpecer la generación energética, creando con ello santuarios extensos para los ecosistemas marinos del país, tan ricos en biodiversidad.

La proximidad geográfica del país con la línea del ecuador lo hacen una de las zonas en el mundo con mayor insolación anual. El ángulo de los rayos solares, la temperatura del aire y la cantidad de horas de sol por día a lo largo del año representan un altísimo potencial para la generación de energía solar en el país. Por si fuera poco, las inclemencias del tiempo, principalmente lluvia y viento, sólo favorecen el mantenimiento y limpieza de las celdas fotovoltaicas, sin requerir equipos especiales de limpieza ni infraestructura adicional para soportar el peso de la nieve.

Es quizás la geotermia la más prometedora de nuestras fuentes de energía renovables. Con un total de 113 volcanes, nueve de ellos activos, en apenas 50.000 kilómetros cuadrados, la exploración y posterior explotación de ese recurso energético es de bajo grado de dificultad y bajo costo en comparación con lo que se está haciendo en otras partes del mundo, sobre todo entre mayor sea la proximidad al cono de un volcán. Australia está invirtiendo cerca de cien mil millones de dólares ($100.000.000.000) en exploración geotérmica a pesar de que el país no contiene ni un solo volcán.

Uno de los desafíos principales para adoptar la geotermia como la fuente más limpia y renovable de energía para impulsar al país por el transcurso de este siglo XXI es la protección legal que tienen los Parques Nacionales, y es ahí adonde existe la mayor oportunidad para nuestra nación.

Un pacto ambiental nacional debería estructurarse de manera similar al fondo de petróleo noruego, en el cual se centralizan todas las ganancias que se generarían a partir de la geotermia. Este “Fondo del Volcán” estaría administrado por notables líderes nacionales de la ciencia, la industria y la política ambiental y energética del país. Con representación del gobierno de turno, existiría una limitación al porcentaje del fondo del cual podría disponer el Poder Ejecutivo para el presupuesto ordinario nacional cada año. En Noruega, el Primer Ministro sólo puede disponer de 10% de las ganancias anuales del fondo para el presupuesto nacional. El dinero restante del Fondo del Volcán se utilizaría para cumplir las siguientes metas: aumentar la cobertura boscosa del país del 52% actual a 80% del territorio nacional; ampliar la protección de áreas marinas del actual 0,2% a 50%; e incrementar la cobertura de Parques Nacionales y reservas biológicas de 26% en la actualidad a 50% del territorio nacional.

El cumplimiento de estas metas requerirá de muchos esfuerzos, tiempo y dinero, y la energía geotérmica podría generar los fondos requeridos para alcanzar esos objetivos en un período de tiempo relativamente corto. Para el 2025 el país podría haberse convertido en exportador neto de electricidad renovable y su flotilla vehicular podría haber sido totalmente reemplazada por vehículos eléctricos modernos y eficientes, con muy bajas emisiones de carbono. Esto en definitiva le permitiría a Costa Rica convertirse en un país neutral en sus emisiones de carbono.

Ello sería mucho más expedito si se permitiera la exploración y eventual explotación en Parques Nacionales. Por eso se requiere de un pacto nacional, porque todos debemos entender y visualizar los beneficios que este proyecto traería para esta, y sobre todo, para las próximas generaciones de costarricenses.

De estar usted de acuerdo, me gustaría sugerir una estrategia para empezar a darle vida al sueño de una Costa verdaderamente Rica, próspera y de creciente bienestar para todos.

Tokio, Japón
14 de agosto, 2011