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Wednesday, September 11, 2013

Discurso inaugural en la Universidad de las Naciones Unidas - Tokio, Japón


Discurso inaugural
Universidad de las Naciones Unidas

Profesor Dr. David Malone, Rector de la Universidad de las Naciones Unidas,

Profesor Dr. Kazuhiko Takeuchi, Vice-rector y director del Instituto de Paz y Sostenibilidad,

Distinguidos funcionarios de gobierno,

Colegas del cuerpo diplomático,

Estudiantes, profesores y empleados de la Universidad,

Queridos amigos,

Buenos días. Les agradezco a todos por estar aquí. He preparado unas breves palabras con especial dedicación para los estudiantes que hoy inician el curso intensivo de cinco semanas que definitivamente transformará sus vidas de varias maneras.

El año pasado tuve el privilegio de participar en el evento de clausura, donde estudiantes como ustedes presentaron sus proyectos grupales a un panel de invitados del cual formé parte, y me llamó la atención cuánto conocimiento fue invertido por los participantes en la creación de ideas que no habrían existido de otra forma.

Fue un muy buen ejemplo de creación de valor compartido: conjuntar las fortalezas individuales para darle vida a algo que no hubieran logrado individualmente o por separado. Es una ilustración precisa de la sinergia. Esto es lo que estarán haciendo ustedes desde ahora hasta mediados de octubre.

Permítanme compartir una breve historia de mi familia. My bisabuelo nació en el siglo XIX y murió a la edad de 96 años. Mis dos abuelas tienen 98 años y con una de ellas hablo todos los sábados por teléfono. Le pregunto por sugerencias para lograr vivir tanto tiempo en tan buenas condiciones, y siempre responde acerca de la manera como ella ha cuidado su salud.

Me lleva a preguntarme si conduzco mi vida de la misma manera saludable o si mis circunstancias y escogencias van en detrimento de mi longevidad genética. También me lleva a preguntarme cuan diferente fue el siglo XX que ella vivió de este siglo XXI que estamos viviendo.

Hasta la fecha, cada año de este siglo XXI la humanidad ha producido más de 30 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, una figura difícil de comprender por su gran dimensión. Simultáneamente, el planeta ha estado perdiendo hasta 250 mil kilómetros cuadrados de biomasa fértil por causa de la deforestación, la erosión de los suelos y la desertificación. Para poner esta cifra en contexto, es el equivalente a perder toda la cobertura boscosa de Japón cada año.

No sólo estamos liberando cantidades excesivamente grandes de un gas altamente tóxico al aire que respiramos, sino que estamos reduciendo la vegetación que podría limpiar aquella contaminación a una velocidad asombrosamente acelerada. Me lleva a preguntarme cuánto más comportamiento humano podrá soportar el planeta. Estamos, claramente, en curso de colisión.

La ciencia, aunque limitada en su capacidad de explicar la extensión del problema, por lo menos ha logrado probar que las emisiones de dióxido de carbono emitidas por el ser humano a la atmósfera están alterando patrones climáticos globales, perturbando un balance que ha permanecido dentro de un rango normal de estabilidad por los últimos cuatro millones de años. El ritmo de cambio ambiental es más rápido que lo que ha ocurrido en cualquier otro período geológico hasta ahora registrado.

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Mi definición favorita de “conflicto” es simplemente una incompatibilidad de metas. Lo que acabo de describir es un conflicto global que involucra a toda la humanidad y también a todas las demás formas de vida: no podemos continuar nuestro comportamiento colectivo si queremos sobrevivir y progresar como civilización en el único planeta donde tenemos conocimiento que existe vida.

Mi definición favorita de paz, parafraseando a Johan Galtung, es

“la habilidad de transformar conflictos de manera empática, creativa y armoniosa.”

Si la asumimos como válida, esta definición nos permite enfocarnos en lo que es esencial para transformar cualquier conflicto, incluso el cambio climático. Lo primero es la empatía –ponerse en los zapatos del otro- no sólo entre seres humanos, sino también con otra especies que están en peligro de extinción. Lo segundo es la creatividad. Einstein dijo que no podemos superar los problemas pensando de la misma manera como pensábamos cuando caímos en ellos. Así que debemos ser creativos. Y lo tercero es la armonía, o la sensibilidad para movernos hacia escenarios de prosperidad con el menor grado posible de violencia o sufrimiento.

A diferencia de un siglo atrás, hoy existen ciudadanos globales que ejercitan su liderazgo hacia la transformación eficaz de los más severos asuntos globales. Ellos están preocupados e involucrados en asuntos que van más allá de su lugar de nacimiento, su lugar de residencia o el estado que emitió su pasaporte. Ellos son los que entienden que lo que sucede en Asia no se queda en Asia, sino que afecta África, Europa y las Américas.

Creo que los ciudadanos globales comparten, al menos, seis características: comprensión de diferentes estilos de liderazgo; sensibilidad cultural para ser más adaptables a diferentes entornos culturales; destrezas de facilitación o mediación en situaciones de conflicto; técnicas de comunicación efectiva que les permiten expresarse de manera asertiva; destrezas de negociación; y un sentido de ética global, o claridad acerca de la virtud y del bien en todo contexto cultural.

Todos ustedes son ciudadanos globales, así sea que eligieron serlo o no. También creo que en el transcurso de las próximas cinco semanas, se encontrarán en varias situaciones con sus compañeros, en las cuales se percatarán de que están activamente vinculados como ciudadanos globales, lidiando con asuntos que quizás no les eran familiares esta mañana.

Lo que me resulta más fascinante sobre la ciudadanía global es que es un proceso continuo de aprendizaje que nunca concluye. Siempre se puede aprender más, estudiar más, escuchar más y crecer más. Sean conscientes, a lo largo de esta experiencia académica, de cuánto se consolidará su ciudadanía global entre colegas de diferentes países, y quizás más importante, viviendo en una de las ciudades más globales del mundo.

La reciente designación de Tokio como la ciudad que hospedará los Juegos Olímpicos del 2020 es una confirmación de su relevancia mundial. Además, la revista Fortune señala a Tokio como la segunda ciudad más global del mundo en términos de impacto económico e influencia política de las decisiones que se toman aquí, sobre todo por casi 50 de las corporaciones más grandes del mundo cuyas sedes centrales están ubicadas en esta ciudad.

Tokio no sólo ofrece una oportunidad única de expandir su ciudadanía global. De acuerdo con el Índice de Paz Global, Japón está entre los diez países más pacíficos del orbe. Es un hecho aún más llamativo si consideramos que 125 millones de personas viven en un país que tiene 72% de cobertura boscosa, lo cual deja apenas una pequeña fracción del territorio para asentamientos humanos. Ante tan alta densidad demográfica, es impresionante que el nivel de conflicto y violencia sea tan bajo en Japón.

¿Qué han hecho diferente los japoneses en comparación con otros países del mundo? Los dejo con esta pregunta para que exploren en las próximas semanas con sus colegas. Confío en que descubrirán elementos que enriquecerán sus comunidades en sus países de origen.  

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Reflexiono acerca de las definiciones de conflicto y paz que introduje anteriormente. Los ciudadanos globales deben crear conciencia de que la humanidad no podrá transformar los conflictos globales por medio del uso de la fuerza militar. Cada año, el mundo gasta en conjunto 1.7 billones de dólares (en inglés, trillion) en gasto armamentista. Esto es diez veces más de lo que las Naciones Unidas considera necesario cada año para invertir en adaptación al cambio climático y al cumplimiento de las Metas de Desarrollo del Milenio conjuntamente. Aún más absurdo es que ninguna catástrofe relacionada con el clima puede ser detenida con armas de guerra. 

Ya hay militares de alto rango confirmando lo que los ecologistas han sugerido por décadas, que una de las principales amenazas a la paz y a la seguridad en los años venideros es el cambio climático.

Por lo tanto, lo que requerimos es un tipo especial de paz: una paz con la naturaleza. Debemos recuperar la biocapacidad planetaria y su capacidad para generar todos los recursos naturales que consumimos cada día en cada rincón del mundo. Debemos ser empáticos hacia otras formas de vida y preservar la abundante riqueza de los bosques que aún existen, la mayoría de los cuales se encuentran en países en vías de desarrollo en el sureste asiático, África y América Latina. Debemos innovar hacia una mayor eficiencia energética, incluyendo fuentes renovables de electricidad, tecnologías para ciudades inteligentes que permitan una mayor calidad de vida con una menor demanda energética, y un manejo más eficiente de otros recursos naturales y materias primas no renovables.

Soy fiel creyente de que podemos hacer lo requerido para alcanzar esta paz con la naturaleza. Sugiero que podemos lograrlo por medio de la bioalfabetización, que es la habilidad de entender el lenguaje de la vida, como el ciclo del agua, el ciclo del carbono, el proceso de fertilidad que describen todos los ecosistemas naturales, la comprensión de la huella ecológica humana en el planeta y las múltiples y enormes oportunidades de desarrollo de infraestructura verde de manera que resulte financiera, social y ecológicamente sostenible.

Esto no es solamente pensamiento desiderativo. Desde el 2011, la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico- ha propuesto el crecimiento verde como una política internacional de desarrollo económico. Un día, en el futuro, el crecimiento verde nos llegará. No esperemos a que llegue ese día. ¡Lleguemos nosotros primero! Utilicemos nuestra ciudadanía global, nuestras destrezas de liderazgo, técnicas y orientación ética para aprovechar las ventajas que representa el crecimiento verde en este siglo.

Somos la única generación en la civilización humana que ha enfrentado un desafío global de tan inmensas proporciones. Las oportunidades de transformación están ante nuestros ojos. Todo lo que requerimos es entender el conflicto para entender las maneras de resolverlo.

Permítanme compartir otra reflexión personal. En dos meses, mi esposa dará a luz a nuestro primogénito. Si este bebé tiene la misma longevidad genética de mis ancestros, significa que él o ella tendrá 87 años al celebrarse la llegada del siglo XXII. Ninguno de nosotros en este auditorio estará vivo entonces, pero probablemente mi hijo sí lo estará, y muy probablemente sus hijos también. Tengo claro que represento un puente en mi familia entre los siglos XIX y XXII. Es por ello que, para mí, el cambio global ambiental es un asunto personal. Es una batalla que he elegido luchar, y los insto a que hagan lo mismo.

Deseo terminar con una frase de un libro que leí la semana pasada y me hizo pensar en ustedes:  

“La inspiración es algo mágico, un multiplicador de la productividad, un motivador. Pero no los esperará. La inspiración es una cuestión del ahora. Si los atrapa, atrápenla de vuelta y pónganla a trabajar.”

…

Muchas gracias.

Tokio, Japón
9 de setiembre, 2013

Wednesday, July 18, 2012

El espiral virtuoso de la economía verde

Estimado Felipe, 

Costa Rica tiene todo lo necesario para ser líder mundial en la nueva economía verde. De sobra está mencionar los logros pasados, que son el resultado de políticas virtuosas de líderes visionarios que ejecutaron eficazmente lo que consideraron era valioso y correcto para la colectividad en el futuro, más allá de sus propias vidas. 

¿Cuáles serían las decisiones actuales que crearían valor para el bien común, no sólo del país sino del planeta entero, a largo plazo, más allá de nuestras vidas? 

Lo primero es comprender las limitaciones reales del ecosistema natural de la Tierra. Por ejemplo, la cantidad de contaminación existente en atmósfera, tierra y aguas, la reducción de bosque y tierra fértil, y el aumento de población, urbanismo y consumo humano. Lo útil de comprender estos límites es visualizar más fácilmente las oportunidades de desarrollo que se podrían apoyar en las fortalezas costarricenses. 

A manera de ilustración podríamos mencionar: primero, la generación de energías renovables públicas y privadas, no sólo para suplir la demanda doméstica de los próximos 40 años, sino para excederla y convertirnos en un país exportador neto de electricidad renovable; segundo, la atracción de inversiones en manufactura avanzada de alto consumo eléctrico, principalmente de empresas con la obligación o el interés de disminuir su huella ecológica limpiando sus fuentes de energía; tercero, la investigación y desarrollo de biotecnología tendiente a innovaciones en alimentos, fármacos, cosméticos, etc.; y cuarto, proyectos informáticos basados en internet que puedan ubicar sus "datacenters" en cualquier lugar del mundo.  

Desde el punto de vista de acción política, académica, corporativa y ciudadana, lo más urgente e importante en el planeta es la reforestación: recuperar tierras que alguna vez fueron bosque. Ello traería varios beneficios: regeneración de ecosistemas y aumento de la biodiversidad, purificación y retención natural de agua, fertilidad de la tierra, y prevención de desastres naturales como deslizamientos, deslaves e inundaciones, entre otros. Esto facilitaría mayor turismo sostenible, empresas y encadenamientos de servicios para turistas sofisticados y de alto poder adquisitivo, y mayor investigación, desarrollo e innovación en biotecnología, como ejemplos. 

La promoción de este espiral de economía verde tiene un elemento fundamental, que es la bio-alfabetización de la ciudadanía, lo cual conduciría a tener una población con alto nivel de educación ecológica. Imaginemos lo que hubiera sido en los años setentas, ochentas y noventas si en nuestro país hubiera habido un bajo nivel de alfabetismo tradicional. Luego imaginemos lo que serían los años veintes, treintas y cuarentas si tuviéramos una población con bajo nivel de comprensión de los principios ecológicos básicos. 

El enfoque de estas políticas públicas, proyectos de responsabilidad social empresarial, metodologías académicas y actividades ciudadanas de estos esfuerzos educativos debe orientarse principalmente a los niños por dos razones: primero, porque nuestro país NO puede darse el lujo de NO tener una población de adultos jóvenes bioalfabetas para 2025 que influyan en todos los sectores y a todos los niveles de la sociedad en su quehacer cotidiano; y segundo, porque es más probable que los niños eduquen a sus padres a que los padres sean educados directamente por medio de iniciativas para tal efecto. 

No creo que se requieran grandes esfuerzos políticos ni económicos si se logra vender con transparencia la idea de los beneficios colectivos y las oportunidades académicas, laborales y empresariales que la economía verde podría proveernos hoy y para las generaciones futuras. En un artículo anterior me referí al Pacto Ambiental Nacional, que incluye algunos argumentos que deberían ser sometidos a discusión pública, escuchando atentamente las inquietudes de la ciudadanía, incorporando sus aportes valiosos y constructivos, empoderándola para que asuma responsabilidades y rumbos de acción, y sobre todo, generando la confianza necesaria para progresar eficazmente en la dirección del bien común y las metas nacionales. 

Monday, April 16, 2012

Agenda de crecimiento verde

Costa Rica es líder mundial en desarrollo sostenible. Esto no quiere decir que tenga nota de aprobación en todas las áreas relativas. Quiere decir que en algunas de ellas se destaca globalmente. En el análisis de fortalezas aparecen, entre otras, generación de energías renovables, conservación ambiental, biodiversidad, turismo sostenible, y bioalfabetismo.

La agenda verde costarricense existe desde hace décadas. Sin embargo, entre 1940 y 1980 se promovió un modelo de desarrollo que redujo sensiblemente la biocapacidad del territorio nacional, vendiendo madera y cambiando bosque por pastizal o sembradío. La reversión inició efectivamente con la creación de la moderna y eficaz Ley Forestal de 1969. Desde inicios de los años 80 la cobertura boscosa se duplicó y la proyección es que para 2030 se recupere el bosque perdido desde un siglo atrás.

Este proceso virtuoso dista mucho de lo que está sucediendo a nivel mundial. Sólo en 2011 se perdieron 5.2 millones de hectáreas de bosque, 7 millones de hectáreas adicionales de tierra fueron erosionadas y 12 millones más se transformaron en desierto. Esto suma un territorio casi cinco veces el tamaño de Costa Rica. Cuánta más tierra podemos perder antes de percatarnos del costo que esto implica para la vida en el planeta?

Es por esta razón que la presente administración consideró indispensable en su plan nacional de desarrollo el vincularse con países cuyas fortalezas sean complementarias a las nuestras para crear una agenda de crecimiento verde que promueva la regeneración medioambiental y simultáneamente provea oportunidades de estudio, trabajo, inversión y comercio para los costarricenses.

En los últimos nueve meses hemos estado gestando y gestionando dicha agenda en Japón, un país cuyas fortalezas en desarrollo sostenible son ciertamente complementarias con las nuestras. Desde hace 40 años Japón se lanzó a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías de eficiencia energética que lo hacen hoy quizás el país con la matriz eléctrica más inteligente del mundo. Más del 70% del país está cubierto de bosque, un hito en sostenibilidad considerando que en un territorio apenas siete veces mayor que Costa Rica viven 127 millones de habitantes. En manejo del recurso hídrico Japón aprendió lecciones desde hace 600 años cuando entendió que si talaba sus bosques se quedaría sin agua, una verdad incómoda cuando se vive en una isla.

Esta agenda procura transformar a Costa Rica en agente de cooperación regional en energías renovables, turismo sostenible y pago por servicios ambientales de nuestro bosque. También en carbono-neutralidad, en especial ahora que Japón se ha lanzado a promover mundialmente el crecimiento económico bajo en emisiones. Además, la biotecnología es un área en la que ambos países podrían generar mucha riqueza económica y a la vez acrecentar la riqueza natural que hospeda nuestro territorio nacional.

Con la visita de la presidenta Chinchilla a Japón en diciembre pasado, quedaron posicionados varios temas de esta agenda verde al más alto nivel ante instituciones japonesas. A partir de aquí, el trabajo consiste en transformar iniciativas en proyectos de creación de valor compartido considerando las oportunidades que surjan de combinar las fortalezas de ambos.

Queda claro que el avance y culminación de estos temas depende de una gestión interinstitucional que involucra a varios ministerios e instituciones públicas, organizaciones académicas y no gubernamentales y de la empresa privada. La Tercera Revolución Industrial está en camino y ya se vislumbran nuevos liderazgos apegados a criterios de desarrollo que garanticen a las generaciones futuras la calidad de vida que hemos disfrutado hasta hoy.

Sunday, August 14, 2011

El Pacto Ambiental Nacional

Estimado don Rodrigo,

Según conversamos en días pasados, existe la necesidad de repensar políticamente nuestro quehacer ambiental como país. Cada nuevo diagnóstico científico sobre el cambio climático nos revela dos verdades: 1. Que nuestro país se enrumbó en la dirección correcta medio siglo atrás cuando articuló su afán conservacionista, su inquietud por la generación eléctrica renovable y, más recientemente, asumió liderazgo mundial en investigación en biodiversidad y desarrollo de ecoturismo; y 2. Que hay mucho más que hacer en nuevas fuentes de energía renovable, reducción de emisiones en el transporte público y privado, mejor aprovechamiento y gestión productiva de residuos y desechos, y en fuentes de financiamiento de servicios ambientales, entre otros.

En suma, hace falta ampliar y profundizar los esfuerzos de bioalfabetización que se han realizado con éxito en nuestro país y que son la misión del Instituto de Biodiversidad que usted fundó.

Si bien la gestión de las organizaciones no gubernamentales es eficaz en la sociedad civil, esa eficacia podría aumentar en varios órdenes de magnitud en cuanto a su alcance local y global si contara con alianzas en sectores académico y privado, y sobre todo, si lograra consagrar sus principios en políticas públicas sustentadas en leyes de la República.

Es por ello que me permito compartir con usted algunas ideas que he recopilado durante los lapsos en los que he residido en Noruega, China y Australia, países con quienes compartimos el perfil de liderazgo ambiental que tiene nuestro país, aunque en sectores distintos y complementarios.

Por ejemplo, Noruega ha sabido aprovechar la riqueza que ha generado el país a partir de la explotación de petróleo para incrementar sustancialmente el bienestar del país invirtiendo las ganancias en salud y educación públicas de máxima categoría, infraestructura pública moderna y de primer orden, incluyendo la conectividad digital celular y de internet, y la conservación ambiental dentro y fuera del país.

Por su parte, China ya ha comprendido la dimensión del problema climático mundial y de las amenazas que representa para su inmensa población la contaminación en tierras otrora fértiles, la deforestación y desertificación y el deshielo de glaciares. Hoy en día China es el país número uno en manufactura de turbinas eólicas y paneles solares y hay quienes sugieren que en este siglo cambiará el polo de energía mundial del petróleo árabe al sol chino.

Finalmente, Australia se ha dado a la tarea de implementar políticas públicas de cambio climático en cada estado y municipio, para que cada organización y empresa adopte las medidas requeridas para mitigar las causas que provocan alteraciones ambientales. El sur de Australia fue el primer estado en el mundo en contar con un Ministro de Cambio Climático desde 1998. La intensa sequía de la década anterior y la contaminación de cuencas dulces y saladas durante el último medio siglo han provocado la urgente necesidad de que el país se coloque a la vanguardia mundial en conservación, biodiversidad, generación de energías renovables y ecoturismo.

Nuestro país requiere de un nuevo pacto ambiental nacional, al cual todos aportemos y del cual todos nos beneficiemos. O sea, requerimos que el proceso genere sentido de pertenencia en cada costarricense.

Las oscilaciones climáticas para el próximo medio siglo podrían provocar cambios en los patrones de lluvias de nuestra zona geográfica, creando incertidumbre acerca de la viabilidad de generación de energía hidroeléctrica. Por ello, es indispensable hacer un inventario de los recursos naturales de los que dispone nuestro país para generar energía renovable proveniente de otras fuentes, lo cual ayudaría a preservar los ecosistemas en las cuencas de los ríos que, de otra forma, serían intervenidos con represas de hidrogeneración. Si no hay agua en los embalses, no podría haber electricidad. Es una apuesta muy alta como para perderla. De ahí lo elemental de la cuestión.

Con 1500 kilómetros lineales de litoral, la energía mareomotriz es una opción principalmente en la costa Pacífica donde las mareas oscilan hasta dos metros, dos veces al día. Es una fuerza que genera el mar y que se puede transformar en electricidad. Esto tendría el efecto adicional de la conservación de las zonas costeras para no entorpecer la generación energética, creando con ello santuarios extensos para los ecosistemas marinos del país, tan ricos en biodiversidad.

La proximidad geográfica del país con la línea del ecuador lo hacen una de las zonas en el mundo con mayor insolación anual. El ángulo de los rayos solares, la temperatura del aire y la cantidad de horas de sol por día a lo largo del año representan un altísimo potencial para la generación de energía solar en el país. Por si fuera poco, las inclemencias del tiempo, principalmente lluvia y viento, sólo favorecen el mantenimiento y limpieza de las celdas fotovoltaicas, sin requerir equipos especiales de limpieza ni infraestructura adicional para soportar el peso de la nieve.

Es quizás la geotermia la más prometedora de nuestras fuentes de energía renovables. Con un total de 113 volcanes, nueve de ellos activos, en apenas 50.000 kilómetros cuadrados, la exploración y posterior explotación de ese recurso energético es de bajo grado de dificultad y bajo costo en comparación con lo que se está haciendo en otras partes del mundo, sobre todo entre mayor sea la proximidad al cono de un volcán. Australia está invirtiendo cerca de cien mil millones de dólares ($100.000.000.000) en exploración geotérmica a pesar de que el país no contiene ni un solo volcán.

Uno de los desafíos principales para adoptar la geotermia como la fuente más limpia y renovable de energía para impulsar al país por el transcurso de este siglo XXI es la protección legal que tienen los Parques Nacionales, y es ahí adonde existe la mayor oportunidad para nuestra nación.

Un pacto ambiental nacional debería estructurarse de manera similar al fondo de petróleo noruego, en el cual se centralizan todas las ganancias que se generarían a partir de la geotermia. Este “Fondo del Volcán” estaría administrado por notables líderes nacionales de la ciencia, la industria y la política ambiental y energética del país. Con representación del gobierno de turno, existiría una limitación al porcentaje del fondo del cual podría disponer el Poder Ejecutivo para el presupuesto ordinario nacional cada año. En Noruega, el Primer Ministro sólo puede disponer de 10% de las ganancias anuales del fondo para el presupuesto nacional. El dinero restante del Fondo del Volcán se utilizaría para cumplir las siguientes metas: aumentar la cobertura boscosa del país del 52% actual a 80% del territorio nacional; ampliar la protección de áreas marinas del actual 0,2% a 50%; e incrementar la cobertura de Parques Nacionales y reservas biológicas de 26% en la actualidad a 50% del territorio nacional.

El cumplimiento de estas metas requerirá de muchos esfuerzos, tiempo y dinero, y la energía geotérmica podría generar los fondos requeridos para alcanzar esos objetivos en un período de tiempo relativamente corto. Para el 2025 el país podría haberse convertido en exportador neto de electricidad renovable y su flotilla vehicular podría haber sido totalmente reemplazada por vehículos eléctricos modernos y eficientes, con muy bajas emisiones de carbono. Esto en definitiva le permitiría a Costa Rica convertirse en un país neutral en sus emisiones de carbono.

Ello sería mucho más expedito si se permitiera la exploración y eventual explotación en Parques Nacionales. Por eso se requiere de un pacto nacional, porque todos debemos entender y visualizar los beneficios que este proyecto traería para esta, y sobre todo, para las próximas generaciones de costarricenses.

De estar usted de acuerdo, me gustaría sugerir una estrategia para empezar a darle vida al sueño de una Costa verdaderamente Rica, próspera y de creciente bienestar para todos.

Tokio, Japón
14 de agosto, 2011