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Wednesday, September 11, 2013

Discurso inaugural en la Universidad de las Naciones Unidas - Tokio, Japón


Discurso inaugural
Universidad de las Naciones Unidas

Profesor Dr. David Malone, Rector de la Universidad de las Naciones Unidas,

Profesor Dr. Kazuhiko Takeuchi, Vice-rector y director del Instituto de Paz y Sostenibilidad,

Distinguidos funcionarios de gobierno,

Colegas del cuerpo diplomático,

Estudiantes, profesores y empleados de la Universidad,

Queridos amigos,

Buenos días. Les agradezco a todos por estar aquí. He preparado unas breves palabras con especial dedicación para los estudiantes que hoy inician el curso intensivo de cinco semanas que definitivamente transformará sus vidas de varias maneras.

El año pasado tuve el privilegio de participar en el evento de clausura, donde estudiantes como ustedes presentaron sus proyectos grupales a un panel de invitados del cual formé parte, y me llamó la atención cuánto conocimiento fue invertido por los participantes en la creación de ideas que no habrían existido de otra forma.

Fue un muy buen ejemplo de creación de valor compartido: conjuntar las fortalezas individuales para darle vida a algo que no hubieran logrado individualmente o por separado. Es una ilustración precisa de la sinergia. Esto es lo que estarán haciendo ustedes desde ahora hasta mediados de octubre.

Permítanme compartir una breve historia de mi familia. My bisabuelo nació en el siglo XIX y murió a la edad de 96 años. Mis dos abuelas tienen 98 años y con una de ellas hablo todos los sábados por teléfono. Le pregunto por sugerencias para lograr vivir tanto tiempo en tan buenas condiciones, y siempre responde acerca de la manera como ella ha cuidado su salud.

Me lleva a preguntarme si conduzco mi vida de la misma manera saludable o si mis circunstancias y escogencias van en detrimento de mi longevidad genética. También me lleva a preguntarme cuan diferente fue el siglo XX que ella vivió de este siglo XXI que estamos viviendo.

Hasta la fecha, cada año de este siglo XXI la humanidad ha producido más de 30 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, una figura difícil de comprender por su gran dimensión. Simultáneamente, el planeta ha estado perdiendo hasta 250 mil kilómetros cuadrados de biomasa fértil por causa de la deforestación, la erosión de los suelos y la desertificación. Para poner esta cifra en contexto, es el equivalente a perder toda la cobertura boscosa de Japón cada año.

No sólo estamos liberando cantidades excesivamente grandes de un gas altamente tóxico al aire que respiramos, sino que estamos reduciendo la vegetación que podría limpiar aquella contaminación a una velocidad asombrosamente acelerada. Me lleva a preguntarme cuánto más comportamiento humano podrá soportar el planeta. Estamos, claramente, en curso de colisión.

La ciencia, aunque limitada en su capacidad de explicar la extensión del problema, por lo menos ha logrado probar que las emisiones de dióxido de carbono emitidas por el ser humano a la atmósfera están alterando patrones climáticos globales, perturbando un balance que ha permanecido dentro de un rango normal de estabilidad por los últimos cuatro millones de años. El ritmo de cambio ambiental es más rápido que lo que ha ocurrido en cualquier otro período geológico hasta ahora registrado.

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Mi definición favorita de “conflicto” es simplemente una incompatibilidad de metas. Lo que acabo de describir es un conflicto global que involucra a toda la humanidad y también a todas las demás formas de vida: no podemos continuar nuestro comportamiento colectivo si queremos sobrevivir y progresar como civilización en el único planeta donde tenemos conocimiento que existe vida.

Mi definición favorita de paz, parafraseando a Johan Galtung, es

“la habilidad de transformar conflictos de manera empática, creativa y armoniosa.”

Si la asumimos como válida, esta definición nos permite enfocarnos en lo que es esencial para transformar cualquier conflicto, incluso el cambio climático. Lo primero es la empatía –ponerse en los zapatos del otro- no sólo entre seres humanos, sino también con otra especies que están en peligro de extinción. Lo segundo es la creatividad. Einstein dijo que no podemos superar los problemas pensando de la misma manera como pensábamos cuando caímos en ellos. Así que debemos ser creativos. Y lo tercero es la armonía, o la sensibilidad para movernos hacia escenarios de prosperidad con el menor grado posible de violencia o sufrimiento.

A diferencia de un siglo atrás, hoy existen ciudadanos globales que ejercitan su liderazgo hacia la transformación eficaz de los más severos asuntos globales. Ellos están preocupados e involucrados en asuntos que van más allá de su lugar de nacimiento, su lugar de residencia o el estado que emitió su pasaporte. Ellos son los que entienden que lo que sucede en Asia no se queda en Asia, sino que afecta África, Europa y las Américas.

Creo que los ciudadanos globales comparten, al menos, seis características: comprensión de diferentes estilos de liderazgo; sensibilidad cultural para ser más adaptables a diferentes entornos culturales; destrezas de facilitación o mediación en situaciones de conflicto; técnicas de comunicación efectiva que les permiten expresarse de manera asertiva; destrezas de negociación; y un sentido de ética global, o claridad acerca de la virtud y del bien en todo contexto cultural.

Todos ustedes son ciudadanos globales, así sea que eligieron serlo o no. También creo que en el transcurso de las próximas cinco semanas, se encontrarán en varias situaciones con sus compañeros, en las cuales se percatarán de que están activamente vinculados como ciudadanos globales, lidiando con asuntos que quizás no les eran familiares esta mañana.

Lo que me resulta más fascinante sobre la ciudadanía global es que es un proceso continuo de aprendizaje que nunca concluye. Siempre se puede aprender más, estudiar más, escuchar más y crecer más. Sean conscientes, a lo largo de esta experiencia académica, de cuánto se consolidará su ciudadanía global entre colegas de diferentes países, y quizás más importante, viviendo en una de las ciudades más globales del mundo.

La reciente designación de Tokio como la ciudad que hospedará los Juegos Olímpicos del 2020 es una confirmación de su relevancia mundial. Además, la revista Fortune señala a Tokio como la segunda ciudad más global del mundo en términos de impacto económico e influencia política de las decisiones que se toman aquí, sobre todo por casi 50 de las corporaciones más grandes del mundo cuyas sedes centrales están ubicadas en esta ciudad.

Tokio no sólo ofrece una oportunidad única de expandir su ciudadanía global. De acuerdo con el Índice de Paz Global, Japón está entre los diez países más pacíficos del orbe. Es un hecho aún más llamativo si consideramos que 125 millones de personas viven en un país que tiene 72% de cobertura boscosa, lo cual deja apenas una pequeña fracción del territorio para asentamientos humanos. Ante tan alta densidad demográfica, es impresionante que el nivel de conflicto y violencia sea tan bajo en Japón.

¿Qué han hecho diferente los japoneses en comparación con otros países del mundo? Los dejo con esta pregunta para que exploren en las próximas semanas con sus colegas. Confío en que descubrirán elementos que enriquecerán sus comunidades en sus países de origen.  

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Reflexiono acerca de las definiciones de conflicto y paz que introduje anteriormente. Los ciudadanos globales deben crear conciencia de que la humanidad no podrá transformar los conflictos globales por medio del uso de la fuerza militar. Cada año, el mundo gasta en conjunto 1.7 billones de dólares (en inglés, trillion) en gasto armamentista. Esto es diez veces más de lo que las Naciones Unidas considera necesario cada año para invertir en adaptación al cambio climático y al cumplimiento de las Metas de Desarrollo del Milenio conjuntamente. Aún más absurdo es que ninguna catástrofe relacionada con el clima puede ser detenida con armas de guerra. 

Ya hay militares de alto rango confirmando lo que los ecologistas han sugerido por décadas, que una de las principales amenazas a la paz y a la seguridad en los años venideros es el cambio climático.

Por lo tanto, lo que requerimos es un tipo especial de paz: una paz con la naturaleza. Debemos recuperar la biocapacidad planetaria y su capacidad para generar todos los recursos naturales que consumimos cada día en cada rincón del mundo. Debemos ser empáticos hacia otras formas de vida y preservar la abundante riqueza de los bosques que aún existen, la mayoría de los cuales se encuentran en países en vías de desarrollo en el sureste asiático, África y América Latina. Debemos innovar hacia una mayor eficiencia energética, incluyendo fuentes renovables de electricidad, tecnologías para ciudades inteligentes que permitan una mayor calidad de vida con una menor demanda energética, y un manejo más eficiente de otros recursos naturales y materias primas no renovables.

Soy fiel creyente de que podemos hacer lo requerido para alcanzar esta paz con la naturaleza. Sugiero que podemos lograrlo por medio de la bioalfabetización, que es la habilidad de entender el lenguaje de la vida, como el ciclo del agua, el ciclo del carbono, el proceso de fertilidad que describen todos los ecosistemas naturales, la comprensión de la huella ecológica humana en el planeta y las múltiples y enormes oportunidades de desarrollo de infraestructura verde de manera que resulte financiera, social y ecológicamente sostenible.

Esto no es solamente pensamiento desiderativo. Desde el 2011, la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico- ha propuesto el crecimiento verde como una política internacional de desarrollo económico. Un día, en el futuro, el crecimiento verde nos llegará. No esperemos a que llegue ese día. ¡Lleguemos nosotros primero! Utilicemos nuestra ciudadanía global, nuestras destrezas de liderazgo, técnicas y orientación ética para aprovechar las ventajas que representa el crecimiento verde en este siglo.

Somos la única generación en la civilización humana que ha enfrentado un desafío global de tan inmensas proporciones. Las oportunidades de transformación están ante nuestros ojos. Todo lo que requerimos es entender el conflicto para entender las maneras de resolverlo.

Permítanme compartir otra reflexión personal. En dos meses, mi esposa dará a luz a nuestro primogénito. Si este bebé tiene la misma longevidad genética de mis ancestros, significa que él o ella tendrá 87 años al celebrarse la llegada del siglo XXII. Ninguno de nosotros en este auditorio estará vivo entonces, pero probablemente mi hijo sí lo estará, y muy probablemente sus hijos también. Tengo claro que represento un puente en mi familia entre los siglos XIX y XXII. Es por ello que, para mí, el cambio global ambiental es un asunto personal. Es una batalla que he elegido luchar, y los insto a que hagan lo mismo.

Deseo terminar con una frase de un libro que leí la semana pasada y me hizo pensar en ustedes:  

“La inspiración es algo mágico, un multiplicador de la productividad, un motivador. Pero no los esperará. La inspiración es una cuestión del ahora. Si los atrapa, atrápenla de vuelta y pónganla a trabajar.”


Muchas gracias.

Tokio, Japón
9 de setiembre, 2013

Thursday, July 12, 2012

Trocar armas por árboles

En 1948, recién concluida la más cruenta guerra que ha visto la civilización, Costa Rica decidió eliminar el ejército militar como una decisión política que cumpliera dos funciones: la primera, garantizar que nunca se utilizaría la fuerza armada institucional para intervenir en conflictos domésticos ni internacionales; y la segunda, redirigir el tradicional gasto militar a otras necesidades públicas como educación y salud.

El experimento dio resultado y la pequeña nación costarricense se destacó, en su violento entorno regional, como una nación de paz con altos índices de salud y educación de la población.

En 1979, una reforma de ley cambió la forma en la que Costa Rica se relacionaba con sus bosques. En pocos años, se detuvo la deforestación y se introdujo el pago por servicios ambientales para incentivar la conservación y reforestación en el país. 

Treinta años después, Costa Rica ha logrado duplicar su cobertura boscosa, siendo líder global en conservación de ecosistemas, turismo sostenible, clasificación de biodiversidad, pago por servicios ambientales, y esfuerzos por neutralizar sus emisiones de carbono, al tiempo que se triplicó el producto nacional bruto del país apostando por empleos de alto valor agregado y baja huella ecológica como los servicios y la manufactura de tecnología avanzada, sin olvidar la eficiente agricultura de calidad mundial.

Hoy en día, cuando la humanidad se gasta anualmente más de un billón de dólares (en inglés, trillion) en armas y mantenimiento de ejércitos, y en que el cambio climático representa una acumulación de costos sociales, económicos y ambientales presentes y futuros, cuya adaptación requiere, según expertos, unos 100 mil millones de dólares (en inglés 100 billion) anuales, valdría la pena considerar el modelo exitoso de desarrollo sostenible de Costa Rica. El dinero existe. Lo que hace falta es virtud y valentía para tomar las decisiones requeridas. 

Wednesday, May 30, 2012

El aprendizaje del español como puente entre dos mundos


[Comentario presentado el día 30 de mayo d 2012 en la Universidad de Kanagawa, Yokohama, al grupo de primer ingreso en la carrera de español.]

Me da un enorme placer poder compartir algunas palabras en este ambiente académico que tanto aprecio y tanto admiro. Desde que entré a la Universidad en 1993 no he parado de estudiar así que espero que ustedes también se embarquen en esta aventura intelectual.

Hoy quiero hablarles sobre el aprendizaje del español como puente entre dos mundos, el de habla hispana y el de habla japonesa. Haré un breve recorrido por algunos elementos que considero fundamentales ante el desafío de aprender otra lengua. Me referiré al lenguaje, a la cultura y a las creencias, y al interfaz entre culturas, el entendimiento entre ellas y la construcción de la paz como fin último de este proceso.

Al final de esta breve presentación espero que tengamos un espacio que nos permita construir un diálogo entre todos los aquí presentes.

Entiendo el lenguaje como una manifestación cultural de un grupo de personas. Hay lenguaje verbal y no verbal. Las palabras transmiten emociones, y las gesticulaciones aún más. Es mucho lo que podemos comunicar sin hablar, así que es importante tener en cuenta que, parte de lo que se considera aprendizaje de un lenguaje incluye las formas de expresión corporal de las personas.

En el caso del español, un desafío adicional es que hay muchas culturas que hablan español, la mayoría de ellas en América Latina. Si bien hay abundantes semejanzas entre ellas, también hay muchas diferencias. La manera de comunicarse y de interactuar de un argentino, un colombiano o un mexicano es muy diferente a pesar de que todos ellos hablan español.

El lenguaje también es estrictamente un protocolo de comunicación. Si yo no pudiera transmitir ideas y conceptos a través de la palabra, entonces ese lenguaje sería ineficaz como medio de comunicación.

Hoy en día también hay lenguajes informáticos, como los que se utilizan para programar sistemas de cómputo. La precisión de esos lenguajes es matemática. Los lenguajes verbales, sin embargo, no tienen ese grado de precisión, así que es importante tener en cuenta que habrá siempre desafíos para lograr transmitir y captar mensajes verbales a través de la lengua. Estoy seguro que sucede también en Japón entre japoneses.

Adicionalmente, el lenguaje es un código de normas sociales. Japón es quizás una de las sociedades más respetuosas que he conocido en cuanto a no perturbar a otras personas. Así que el silencio es parte de las normas sociales y parte del lenguaje también. Hacer silencio aquí es tan importante como saber hablar japonés, y eso resulta muy claro viviendo en Japón.

Así como el silencio es una norma social en Japón, hay innumerables expresiones de comportamiento en cada cultura que las hacen únicas. Como decía hace un momento, el español representa el gran desafío de que hay muchos entornos culturales y en cada uno de ellos, diferencias en la manera en que la gente se expresa por medio de su comportamiento.

Durante mis años de trabajo voluntario en ambientes interculturales, era siempre muy importante ubicarse en el entorno cultural en el que me encontraba. Si estaba en Israel, India o Tailandia era diferente mi manera de comportarme que si estaba en Japón, Brasil o Alemania. En cada lugar procuraba visitar sitios concurridos como mercados, estadios y medios de transporte público para observar la manera de comportarse de la gente en cada lugar.

Hay rituales que se repiten de generación en generación por cientos o miles de años. Por ejemplo, en China, Israel, India y Japón hay conductas de la gente que datan de más de mil años y que todavía se repiten de manera similar. La mejor manera de captar estas expresiones ritualistas es en el arte o en la religión. Por ejemplo, una presentación de Gagaku o una ceremonia budista captan la esencia de rituales culturales que tienen cientos de años de antigüedad. Esto permite que se acumulen aprendizajes a través del tiempo, trayendo estabilidad a las sociedades.

Las religiones son precisamente los rituales más antiguos que conocemos en nuestra civilización y que aún se practican. Hay mensajes verbales y pautas de comportamiento no verbales que forman parte de estas actividades y las convierten en una especie de rito sagrado en muchas culturas. Para quien aprende español, estudiar y aprender el mensaje verbal y el comportamiento no verbal de una ceremonia tradicional de la religión católica podría ayudarle a entender mejor a esa cultura.

Las creencias tienen un ciclo de vida determinado por un proceso intelectual que inicia con la obtención de información. Luego, se procede a la observación de fenómenos y se intenta una explicación por medio de la interpretación. Finalmente, se llega a una conclusión. Cuando este proceso se realiza de manera reiterada, se conforma una creencia que luego será transmitida de generación en generación.

Sin embargo, hay otras creencias modernas a las cuales les hemos dado un valor casi sagrado, como si fueran religión, pero que no necesariamente conducen a la estabilidad de las sociedades, sino, más bien, a su inestabilidad. Tal vez esto sea tema para otra conversación.

Sí es importante mencionar que estas creencias modernas van más allá de las culturas y de los grupos etáreos y los niveles socioeconómicos. Si echan un vistazo alrededor del mundo, se encontrarán rápidamente con que en todo el mundo hay gente con teléfonos celulares, utilizando internet, queriendo acumular riqueza monetaria. La creencia de que la riqueza monetaria nos hará más felices está conduciendo al planeta entero en una dirección indeseable. Por eso es tan importante hoy en día contar con personas que logren darle una perspectiva diferente al rumbo del mundo. Los mejor capacitados para ello son aquellos que tienen preparación para manejarse en distintos entornos culturales.

Esta intefaz entre culturas se logra, en buena medida, por medio del aprendizaje de un idioma, a través del estudio de culturas y religiones y conociendo diferentes lugares del mundo. Esta interfaz intercultural opera según dos principios fundamentales: las semejanzas y las diferencias. Cuando estamos en una cultura diferente, es importante identificar las semejanzas entre esta nueva cultura y la nuestra propia, así como identificar las diferencias. Esto nos permitirá cumplir con el principio fundamental de la educación intercultural: “Las semejanzas nos unen; las diferencias nos enriquecen.”

Los conflictos son incompatibilidades de objetivos entre diferentes partes. El conflicto es inherente al ser humano, así que en toda interacción social es posible que surja un conflicto. De hecho, hay millones de conflictos cada día en todas las sociedades humanas, pero no contamos con formación para resolverlos.

Creo que hay algunas culturas que tienen mayor claridad respecto a los objetivos comunes para generar mayor bienestar colectivo. Estas son las sociedades que han logrado mayores niveles de desarrollo en el mundo. Sin embargo, haber alcanzado el desarrollo no garantiza que ese desarrollo se mantendrá. Los tiempos cambian y las culturas deben adaptarse.

Por ello es muy importante identificar cosas que podríamos incorporar a nuestros entornos culturales para hacerlos mejorar. Hoy en día en que vivimos serios problemas ambientales en el mundo, graves crisis económicas y conflictos armados, hay una creciente frustración o infelicidad a pesar de que nunca nuestra civilización había contado con tantos recursos, dinero, información y oportunidades. Este siglo será diferente al anterior porque nos preocuparemos más por la felicidad personal, la prosperidad colectiva y la sostenibilidad ambiental que por el crecimiento económico tradicional. La labor de los que aprenden un nuevo idioma entonces, es ir en busca de elementos que puedan enriquecer a esta cultura y mejorar la civilización humana en general.

Así que también deberán estar atentos a las cosas que podamos aprender y enseñar y convertirnos en negociadores interculturales, que es realmente la función más importante de la persona que habla otra lengua.

Finalmente, quiero terminar con una reflexión sobre el propósito ulterior de las relaciones interculturales, que es la construcción de la paz. Hablar otro idioma nos permite comunicarnos con personas de otros entornos culturales. Esto crea la posibilidad de establecer vínculos duraderos de amistad entre personas y eventualmente entre comunidades enteras, pueblos y naciones, en último término. Estas relaciones de amistad fortalecen la estabilidad entre países a través de instrumentos jurídicos, diplomáticos, comerciales y de cooperación entre los pueblos del mundo.

En palabras del profesor noruego Johan Galtung, la paz es la capacidad de transformar conflictos de manera empática empática y creativa. Empatía significa tener la capacidad de ponernos en los zapatos de otros y nos permite entender mejor sus necesidades, deseos y motivaciones. Además, nos permite respetar sus creencias y aportar en la dirección de sus esfuerzos. Creatividad se refiere a la capacidad de innovar formas diferentes de hacer las cosas de manera más eficaz y eficiente.

Hoy en día, la tecnología es la creatividad transformada en herramientas útiles para mejorar el flujo de información, las comunicaciones, la educación y el comercio en el mundo. Hay otras innovaciones sociales que no necesariamente responden a instrumentos tecnológicos que son necesarios para adaptarse mejor a las circunstancias actuales y estas innovaciones son requeridas en todas las culturas del mundo para desarrollarnos hacia el futuro.

Lo que aporta un experto intercultural bilingüe tienen mucho que ver con la empatía y la creatividad, lo cual quiere decir que promueve la paz. 

Así llegamos al final de esta breve reflexión. Sin embargo, ustedes se encuentran al inicio del camino de la aventura intelectual que es la universidad. Es un camino que en realidad nunca se termina. Cuando ustedes se gradúen de aquí obtendrán una licencia que los califique como expertos en su determinada área de estudios, y también es una obligación para seguir estudiando y seguir manteniendo el grado de expertos que les será conferido.

A la universidad no venimos en busca de empleo ni de remuneración. Venimos en busca del desarrollo intelectual de un determinado método de pensamiento. Aquí aprenderemos a pensar de una manera particular que nos diferenciará de todas las demás carreras existentes. Aprender a pensar no significa contar con una actividad profesional. Cuando se hayan graduado, ustedes podrán dedicarse a la actividad profesional que les interese y en la cual sean requeridas las destrezas personales que ustedes posean. Pero eso tampoco quiere decir que recibirán un salario por aquella actividad.

Durante diez años yo fui voluntario internacional en el campo de la educación intercultural para la paz. Después de ser voluntario busqué trabajo y tengo certeza absoluta de que mi trabajo voluntario me condujo a la función diplomática. Si no hubiera dedicado miles de horas al trabajo voluntario, no tendría el trabajo que tengo en la actualidad.

Para terminar, quiero instarlos para que mantengan sus antenas encendidas en busca de oportunidades para la innovación. Ustedes son los cerebros creadores del futuro de este país y del planeta entero. Dependerá de las oportunidades que identifiquen y del provecho que logren generar a partir de aquellas y de sus intereses y destrezas personales que lograrán crear espacios para el progreso de ustedes como profesionales y de sus comunidades como líderes que son de ellas.

Es mi firme deseo que estas palabras los inspiren a abrazar los desafíos académicos con determinación, ilusión y cariño.

Muchas gracias.

Tuesday, April 24, 2012

Cinco pilares de la economía verde



Según la organización de desarrollo industrial de Naciones Unidas, vivimos los albores de la “tercera revolución industrial” que transformará la productividad en dos vías: reducción del impacto ecológico negativo y aumento del impacto ecológico positivo. Son cinco los principios indispensables que deben cumplirse para adaptarse a esa nueva realidad.
Infraestructura. Es necesario contar con obra pública y privada que enriquezca y embellezca el entorno para aumentar la confianza colectiva. Ello promoverá la gestión comercial y de negocios, transporte, seguridad, educación y salud de la población. Hablamos de puertos y aeropuertos, vías férreas y carreteras, escuelas, hospitales, templos sagrados, parques, zonas peatonales, edificios residenciales, comerciales y de oficinas. En Costa Rica es difícil construir obra a partir del presupuesto público y se ha desarrollado aversión a la concesión de obra pública. Es cierto que ha habido más errores que aciertos. Es crucial aprender de esos errores para que en el futuro se cuenten más aciertos que errores.
Recurso humano. La población debe ser sana y saludable de la cuna a la tumba. Es bien sabido que la mejor receta es la prevención. En una ciudad en la que la gente gasta 40 horas al mes transportándose de la casa al trabajo es mucho pedirle que dedique 20 horas al mes a hacer ejercicios. Además, se debe brindar educación apta para el futuro que se avecina. Los niños que nacen este año serán adultos en el 2030. ¿Qué educación les estamos ofreciendo? Debemos revisar el contenido curricular de escuelas, colegios y universidades, así como la cultura y valores que forjarán desde la familia una sociedad más armoniosa y productiva en sentido humanístico. Mejores seres humanos es lo que queremos.
Capital financiero. Existe una estrecha correlación entre el pago de impuestos y los niveles de crecimiento económico y desarrollo humano. En 2010, el porcentaje del producto interno bruto correspondiente a impuestos, en promedio, entre todos los países de la OCDE, fue arriba de 34%. En una palabra, sin impuestos no hay desarrollo. Debe, además, haber eficiencia absoluta en recaudación y facilitación burocrática para la creación de nuevos negocios de manera que emprendedores, comerciantes e inversionistas puedan más eficazmente traducir sus esfuerzos en empleos y nueva inversión, en fin, capital financiero.
“Sostenibilidad”. Pongo el concepto entre comillas pues en materia ambiental el efecto humano es binario: o degradamos o regeneramos el medio ambiente. No existe ninguna actividad que tenga efecto cero en la naturaleza. Así que debemos aspirar a un desarrollo regenerativo de ecosistemas y pensar creativa y proactivamente en formas económicas, tecnológicas, científicas, políticas y culturales de compensar positivamente los efectos ecológicos negativos de nuestro quehacer.
Prosperidad. Es difícil medir el florecimiento humano pues es una actitud colectiva de esfuerzo y optimismo hacia un futuro que estamos forjando juntos. Llamémosle fe. Se ha puesto de moda la noción institucional de felicidad. Sin embargo, este es un concepto egoísta: primero yo y después yo. Según New Economics Foundation, su Índice del Planeta Feliz mide eficiencia ecológica –Costa Rica está en primer lugar los últimos dos años– y no alegría de las personas.
La prosperidad debe ser gestionada procurando paz, seguridad, armonía y confianza. Ante todo, libertad, que es el fundamento de la creatividad, esencial para emprender nueva actividad económica, política, cultural y espiritual, siempre promoviendo la abundancia del capital natural que determina la riqueza del ecosistema. Lo más importante de esta nueva economía verde es que es incluyente de todos los seres humanos y de todas las demás formas de vida con las cuales florecemos.


Publicado en La Nación el 22 de abril de 2012. 

Wednesday, February 29, 2012

Agenda regional América Latina-Japón

Recientemente fui convocado por la Cancillería japonesa junto con los demás embajadores de América Latina y el Caribe para participar en una iniciativa de su nuevo director general para nuestra región que consiste en mantener reuniones periódicas con este grupo de jefes de misión. La reunión era fundamentalmente para escuchar lo que teníamos que decir en cuanto a objetivos, temas y metodología de trabajo de este ejercicio.

Me sigue pareciendo que la agenda que más le conviene tanto a los países de la América no-anglosajona como a Japón es una agenda de crecimiento verde que consista, al menos, en cuatro áreas de intercambio: 1. Conservación medioambiental de tierras y mares; 2. Valoración económica de ecosistemas y biodiversidad; 3. Bio-innovación, sobre todo biotecnología; y 4. Nuevas tecnologías para la generación de energías renovables.

Si América Latina posee el 50% de los bosques lluviosos del planeta y acapara el 40% de toda el agua potable del mundo, no hay duda de que somos una región que aporta a la causa global un inmenso valor socioeconómico en forma de agua potable, aire limpio y alimentos producidos esencialmente con agua, sol y tierra fértil, y estos tres factores de producción abundan en América Latina como en ninguna otra región del mundo.

Quince de los treinta países con mejor eficiencia ecológica se encuentran en América Latina. Esa tendencia es el resultado de una manera particular de desarrollarnos en relativa armonía con nuestros bosques, ríos y mares. Al decir relativa, dejo plasmada la urgente cuestión de que atendamos aquellas áreas por mejorar en nuestro desempeño ambiental y nuestras metas de sostenibilidad para mejor mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Sin embargo, ese aporte planetario no ha sido monetizado de manera que entendamos los latinoamericanos la riqueza que poseemos, que no es nuestra, pero sí es nuestra responsabilidad administrarla como estados soberanos. La responsabilidad es global, y este es un tema ético que debería estar a la cabeza de toda discusión de comercio e inversión con América Latina.

Aproveché para mencionar en dicha reunión dos temas: primero, que si bien la diplomacia tradicional suele velar por los intereses nacionales de los estados que integran el "concierto de las naciones", los principales problemas que enfrentamos en la actualidad son de índole global. Así que el tiempo que dedicamos a la discusión de intereses nacionales es tiempo que dejamos de dedicar a la discusión de asuntos globales, tanto en lo que nos afectan a lo interno de nuestros países, como en lo que podríamos contribuir a su solución según las mejores prácticas que cada país haya logrado innovar e implementar exitosamente.

Lo segundo es que, independientemente de los objetivos, temas y metodología del grupo, deberíamos seguir el principio rector de la creación de valor compartido. Esto es, a partir de las fortalezas nacionales y regionales que tenemos, identificar oportunidades de innovación sinérgica.

Recuerdo a Einstein cuando dice que "no lograremos salir de los problemas pensando de la misma manera como lo hicimos cuando caímos en ellos." Debemos emplear el "design thinking" (pensamiento diseñador) para crear nuevos paradigmas que nos permitan transformar eficazmente los problemas globales que nos aquejan.

A propósito, el nuevo señor director general para América Latina de la Cancillería japonesa es experto en cambio climático. ¡Qué buena oportunidad para escuchar de él la posición oficial del gobierno japonés y el diagnóstico de ese severo y preocupante conflicto global!

América Latina cuenta con fortalezas naturales que la hacen quizás la región más resiliente a los peores escenarios del cambio climático que se vislumbran. Esa oportunidad debemos aprovecharla con determinación e iniciativa y no esperar una neo-colonización que nos diga nuevamente qué debemos hacer y por qué. Más bien, somos nosotros los que debemos decirle al mundo qué deben hacer y por qué.

Thursday, September 15, 2011

A los jóvenes del bicentenario

Este 15 de setiembre celebramos 190 años de nacionalidad independiente. El concepto pareciera ser casi un anacronismo si consideramos que la interconexión mundial nos ha llevado más bien a la interdependencia entre naciones modernas. Quizás más importante que el significado histórico que tiene esta fecha es lo que implica hacia el futuro.

Ya los desafíos que afrontamos dejaron de ser locales. El botadero de basura es tan grave para sus vecinos como también lo es la contaminación de cuencas hidrográficas en países donde se producen los bienes que consumimos.

De muy poco sirve esforzarse por generar energía a partir de fuentes renovables y limpias si otros países la siguen produciendo de fuentes altamente contaminantes.

Este es un llamado urgente a un liderazgo criollo que vaya mucho más allá de nuestras fronteras y límites geográficos. Porque hay algo muy particular en el ser costarricense y en su idiosincrasia que hace falta en el liderazgo global: esa sensibilidad que conduzca a rupturas valientes como la abolición del Ejército, la reserva legal de una cuarta parte de sus bosques, el bioalfabetismo para clasificar a todas las especies vivientes o el ser pioneros en turismo ecológico.

Los desafíos del mundo para el 2050 son inmensos. Los límites naturales del planeta empiezan a sonar como ecos a la distancia que van cobrando fuerza cada vez más. Habrá para entonces 9.000 millones de bocas humanas que alimentar y muchos millones de hectáreas de bosque y tierra arable menos que hoy para purificar nuestro aire, agua y producir nuestros alimentos.

El liderazgo que requerimos para mediados de siglo es un llamado para que empecemos desde ya a formar a aquellos líderes que tengan un cúmulo de virtudes que los hagan competitivos a nivel global y capaces de hacerse escuchar entre el barullo ensordecedor que va en aumento. Algunos quizás aún no han nacido o están muy chicos.

Nuestros líderes del 2050 serán aquellos que se encuentren en su esplendor sociopolítico y profesional. Serán aquellos jóvenes que celebrarán el bicentenario con la algarabía de esa noche y con la seriedad de aquellos días; los que hoy puedan comprometerse con el país y con el planeta a 30 o 40 años de entrega y trabajo. Ellos son nativos digitales en la era de la información y el conocimiento, donde las ideas viajan a la velocidad de las redes sociales en la democracia 2.0.

Quizás para el bicentenario –ojalá antes– ya hayamos tenido la experiencia de un referendo digital. Eso le dará una capacidad de gestión al Estado que no se imaginaron nuestros líderes más eficaces. Más aún, los plebiscitos cantonales digitales permitirán a cada comunidad adaptarse a los tiempos más ágilmente, priorizar el gasto cantonal, decidir el destino de sus impuestos, en fin, asumir las riendas de su comunidad con responsabilidad ciudadana.

En Costa Rica ya sabemos que las grandes batallas de la humanidad no se pelearán con pólvora. Los abuelos de los jóvenes del bicentenario renunciaron a ello y mantenemos esa virtud incólume. Elegimos como único camino el diálogo constructivo que, cuando ha funcionado, ha sido majestuoso, y cuando falla nos deja inertes como pueblo.

Para los que ya no seremos jóvenes o no estaremos activos en el 2021, el rol de nuestra generación es facilitar el proceso de interconexión entre nuestros padres –que nos han traído hasta aquí– y nuestros hijos –que nos conducirán al 2050 en el esplendor de sus vidas–. Empieza así, este mes, la cuenta regresiva de diez años para forjar a los líderes que requeriremos para el tercer siglo de vida nacional.

Sunday, August 14, 2011

El Pacto Ambiental Nacional

Estimado don Rodrigo,

Según conversamos en días pasados, existe la necesidad de repensar políticamente nuestro quehacer ambiental como país. Cada nuevo diagnóstico científico sobre el cambio climático nos revela dos verdades: 1. Que nuestro país se enrumbó en la dirección correcta medio siglo atrás cuando articuló su afán conservacionista, su inquietud por la generación eléctrica renovable y, más recientemente, asumió liderazgo mundial en investigación en biodiversidad y desarrollo de ecoturismo; y 2. Que hay mucho más que hacer en nuevas fuentes de energía renovable, reducción de emisiones en el transporte público y privado, mejor aprovechamiento y gestión productiva de residuos y desechos, y en fuentes de financiamiento de servicios ambientales, entre otros.

En suma, hace falta ampliar y profundizar los esfuerzos de bioalfabetización que se han realizado con éxito en nuestro país y que son la misión del Instituto de Biodiversidad que usted fundó.

Si bien la gestión de las organizaciones no gubernamentales es eficaz en la sociedad civil, esa eficacia podría aumentar en varios órdenes de magnitud en cuanto a su alcance local y global si contara con alianzas en sectores académico y privado, y sobre todo, si lograra consagrar sus principios en políticas públicas sustentadas en leyes de la República.

Es por ello que me permito compartir con usted algunas ideas que he recopilado durante los lapsos en los que he residido en Noruega, China y Australia, países con quienes compartimos el perfil de liderazgo ambiental que tiene nuestro país, aunque en sectores distintos y complementarios.

Por ejemplo, Noruega ha sabido aprovechar la riqueza que ha generado el país a partir de la explotación de petróleo para incrementar sustancialmente el bienestar del país invirtiendo las ganancias en salud y educación públicas de máxima categoría, infraestructura pública moderna y de primer orden, incluyendo la conectividad digital celular y de internet, y la conservación ambiental dentro y fuera del país.

Por su parte, China ya ha comprendido la dimensión del problema climático mundial y de las amenazas que representa para su inmensa población la contaminación en tierras otrora fértiles, la deforestación y desertificación y el deshielo de glaciares. Hoy en día China es el país número uno en manufactura de turbinas eólicas y paneles solares y hay quienes sugieren que en este siglo cambiará el polo de energía mundial del petróleo árabe al sol chino.

Finalmente, Australia se ha dado a la tarea de implementar políticas públicas de cambio climático en cada estado y municipio, para que cada organización y empresa adopte las medidas requeridas para mitigar las causas que provocan alteraciones ambientales. El sur de Australia fue el primer estado en el mundo en contar con un Ministro de Cambio Climático desde 1998. La intensa sequía de la década anterior y la contaminación de cuencas dulces y saladas durante el último medio siglo han provocado la urgente necesidad de que el país se coloque a la vanguardia mundial en conservación, biodiversidad, generación de energías renovables y ecoturismo.

Nuestro país requiere de un nuevo pacto ambiental nacional, al cual todos aportemos y del cual todos nos beneficiemos. O sea, requerimos que el proceso genere sentido de pertenencia en cada costarricense.

Las oscilaciones climáticas para el próximo medio siglo podrían provocar cambios en los patrones de lluvias de nuestra zona geográfica, creando incertidumbre acerca de la viabilidad de generación de energía hidroeléctrica. Por ello, es indispensable hacer un inventario de los recursos naturales de los que dispone nuestro país para generar energía renovable proveniente de otras fuentes, lo cual ayudaría a preservar los ecosistemas en las cuencas de los ríos que, de otra forma, serían intervenidos con represas de hidrogeneración. Si no hay agua en los embalses, no podría haber electricidad. Es una apuesta muy alta como para perderla. De ahí lo elemental de la cuestión.

Con 1500 kilómetros lineales de litoral, la energía mareomotriz es una opción principalmente en la costa Pacífica donde las mareas oscilan hasta dos metros, dos veces al día. Es una fuerza que genera el mar y que se puede transformar en electricidad. Esto tendría el efecto adicional de la conservación de las zonas costeras para no entorpecer la generación energética, creando con ello santuarios extensos para los ecosistemas marinos del país, tan ricos en biodiversidad.

La proximidad geográfica del país con la línea del ecuador lo hacen una de las zonas en el mundo con mayor insolación anual. El ángulo de los rayos solares, la temperatura del aire y la cantidad de horas de sol por día a lo largo del año representan un altísimo potencial para la generación de energía solar en el país. Por si fuera poco, las inclemencias del tiempo, principalmente lluvia y viento, sólo favorecen el mantenimiento y limpieza de las celdas fotovoltaicas, sin requerir equipos especiales de limpieza ni infraestructura adicional para soportar el peso de la nieve.

Es quizás la geotermia la más prometedora de nuestras fuentes de energía renovables. Con un total de 113 volcanes, nueve de ellos activos, en apenas 50.000 kilómetros cuadrados, la exploración y posterior explotación de ese recurso energético es de bajo grado de dificultad y bajo costo en comparación con lo que se está haciendo en otras partes del mundo, sobre todo entre mayor sea la proximidad al cono de un volcán. Australia está invirtiendo cerca de cien mil millones de dólares ($100.000.000.000) en exploración geotérmica a pesar de que el país no contiene ni un solo volcán.

Uno de los desafíos principales para adoptar la geotermia como la fuente más limpia y renovable de energía para impulsar al país por el transcurso de este siglo XXI es la protección legal que tienen los Parques Nacionales, y es ahí adonde existe la mayor oportunidad para nuestra nación.

Un pacto ambiental nacional debería estructurarse de manera similar al fondo de petróleo noruego, en el cual se centralizan todas las ganancias que se generarían a partir de la geotermia. Este “Fondo del Volcán” estaría administrado por notables líderes nacionales de la ciencia, la industria y la política ambiental y energética del país. Con representación del gobierno de turno, existiría una limitación al porcentaje del fondo del cual podría disponer el Poder Ejecutivo para el presupuesto ordinario nacional cada año. En Noruega, el Primer Ministro sólo puede disponer de 10% de las ganancias anuales del fondo para el presupuesto nacional. El dinero restante del Fondo del Volcán se utilizaría para cumplir las siguientes metas: aumentar la cobertura boscosa del país del 52% actual a 80% del territorio nacional; ampliar la protección de áreas marinas del actual 0,2% a 50%; e incrementar la cobertura de Parques Nacionales y reservas biológicas de 26% en la actualidad a 50% del territorio nacional.

El cumplimiento de estas metas requerirá de muchos esfuerzos, tiempo y dinero, y la energía geotérmica podría generar los fondos requeridos para alcanzar esos objetivos en un período de tiempo relativamente corto. Para el 2025 el país podría haberse convertido en exportador neto de electricidad renovable y su flotilla vehicular podría haber sido totalmente reemplazada por vehículos eléctricos modernos y eficientes, con muy bajas emisiones de carbono. Esto en definitiva le permitiría a Costa Rica convertirse en un país neutral en sus emisiones de carbono.

Ello sería mucho más expedito si se permitiera la exploración y eventual explotación en Parques Nacionales. Por eso se requiere de un pacto nacional, porque todos debemos entender y visualizar los beneficios que este proyecto traería para esta, y sobre todo, para las próximas generaciones de costarricenses.

De estar usted de acuerdo, me gustaría sugerir una estrategia para empezar a darle vida al sueño de una Costa verdaderamente Rica, próspera y de creciente bienestar para todos.

Tokio, Japón
14 de agosto, 2011