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Wednesday, July 18, 2012

El espiral virtuoso de la economía verde

Estimado Felipe, 

Costa Rica tiene todo lo necesario para ser líder mundial en la nueva economía verde. De sobra está mencionar los logros pasados, que son el resultado de políticas virtuosas de líderes visionarios que ejecutaron eficazmente lo que consideraron era valioso y correcto para la colectividad en el futuro, más allá de sus propias vidas. 

¿Cuáles serían las decisiones actuales que crearían valor para el bien común, no sólo del país sino del planeta entero, a largo plazo, más allá de nuestras vidas? 

Lo primero es comprender las limitaciones reales del ecosistema natural de la Tierra. Por ejemplo, la cantidad de contaminación existente en atmósfera, tierra y aguas, la reducción de bosque y tierra fértil, y el aumento de población, urbanismo y consumo humano. Lo útil de comprender estos límites es visualizar más fácilmente las oportunidades de desarrollo que se podrían apoyar en las fortalezas costarricenses. 

A manera de ilustración podríamos mencionar: primero, la generación de energías renovables públicas y privadas, no sólo para suplir la demanda doméstica de los próximos 40 años, sino para excederla y convertirnos en un país exportador neto de electricidad renovable; segundo, la atracción de inversiones en manufactura avanzada de alto consumo eléctrico, principalmente de empresas con la obligación o el interés de disminuir su huella ecológica limpiando sus fuentes de energía; tercero, la investigación y desarrollo de biotecnología tendiente a innovaciones en alimentos, fármacos, cosméticos, etc.; y cuarto, proyectos informáticos basados en internet que puedan ubicar sus "datacenters" en cualquier lugar del mundo.  

Desde el punto de vista de acción política, académica, corporativa y ciudadana, lo más urgente e importante en el planeta es la reforestación: recuperar tierras que alguna vez fueron bosque. Ello traería varios beneficios: regeneración de ecosistemas y aumento de la biodiversidad, purificación y retención natural de agua, fertilidad de la tierra, y prevención de desastres naturales como deslizamientos, deslaves e inundaciones, entre otros. Esto facilitaría mayor turismo sostenible, empresas y encadenamientos de servicios para turistas sofisticados y de alto poder adquisitivo, y mayor investigación, desarrollo e innovación en biotecnología, como ejemplos. 

La promoción de este espiral de economía verde tiene un elemento fundamental, que es la bio-alfabetización de la ciudadanía, lo cual conduciría a tener una población con alto nivel de educación ecológica. Imaginemos lo que hubiera sido en los años setentas, ochentas y noventas si en nuestro país hubiera habido un bajo nivel de alfabetismo tradicional. Luego imaginemos lo que serían los años veintes, treintas y cuarentas si tuviéramos una población con bajo nivel de comprensión de los principios ecológicos básicos. 

El enfoque de estas políticas públicas, proyectos de responsabilidad social empresarial, metodologías académicas y actividades ciudadanas de estos esfuerzos educativos debe orientarse principalmente a los niños por dos razones: primero, porque nuestro país NO puede darse el lujo de NO tener una población de adultos jóvenes bioalfabetas para 2025 que influyan en todos los sectores y a todos los niveles de la sociedad en su quehacer cotidiano; y segundo, porque es más probable que los niños eduquen a sus padres a que los padres sean educados directamente por medio de iniciativas para tal efecto. 

No creo que se requieran grandes esfuerzos políticos ni económicos si se logra vender con transparencia la idea de los beneficios colectivos y las oportunidades académicas, laborales y empresariales que la economía verde podría proveernos hoy y para las generaciones futuras. En un artículo anterior me referí al Pacto Ambiental Nacional, que incluye algunos argumentos que deberían ser sometidos a discusión pública, escuchando atentamente las inquietudes de la ciudadanía, incorporando sus aportes valiosos y constructivos, empoderándola para que asuma responsabilidades y rumbos de acción, y sobre todo, generando la confianza necesaria para progresar eficazmente en la dirección del bien común y las metas nacionales. 

Monday, April 16, 2012

Agenda de crecimiento verde

Costa Rica es líder mundial en desarrollo sostenible. Esto no quiere decir que tenga nota de aprobación en todas las áreas relativas. Quiere decir que en algunas de ellas se destaca globalmente. En el análisis de fortalezas aparecen, entre otras, generación de energías renovables, conservación ambiental, biodiversidad, turismo sostenible, y bioalfabetismo.

La agenda verde costarricense existe desde hace décadas. Sin embargo, entre 1940 y 1980 se promovió un modelo de desarrollo que redujo sensiblemente la biocapacidad del territorio nacional, vendiendo madera y cambiando bosque por pastizal o sembradío. La reversión inició efectivamente con la creación de la moderna y eficaz Ley Forestal de 1969. Desde inicios de los años 80 la cobertura boscosa se duplicó y la proyección es que para 2030 se recupere el bosque perdido desde un siglo atrás.

Este proceso virtuoso dista mucho de lo que está sucediendo a nivel mundial. Sólo en 2011 se perdieron 5.2 millones de hectáreas de bosque, 7 millones de hectáreas adicionales de tierra fueron erosionadas y 12 millones más se transformaron en desierto. Esto suma un territorio casi cinco veces el tamaño de Costa Rica. Cuánta más tierra podemos perder antes de percatarnos del costo que esto implica para la vida en el planeta?

Es por esta razón que la presente administración consideró indispensable en su plan nacional de desarrollo el vincularse con países cuyas fortalezas sean complementarias a las nuestras para crear una agenda de crecimiento verde que promueva la regeneración medioambiental y simultáneamente provea oportunidades de estudio, trabajo, inversión y comercio para los costarricenses.

En los últimos nueve meses hemos estado gestando y gestionando dicha agenda en Japón, un país cuyas fortalezas en desarrollo sostenible son ciertamente complementarias con las nuestras. Desde hace 40 años Japón se lanzó a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías de eficiencia energética que lo hacen hoy quizás el país con la matriz eléctrica más inteligente del mundo. Más del 70% del país está cubierto de bosque, un hito en sostenibilidad considerando que en un territorio apenas siete veces mayor que Costa Rica viven 127 millones de habitantes. En manejo del recurso hídrico Japón aprendió lecciones desde hace 600 años cuando entendió que si talaba sus bosques se quedaría sin agua, una verdad incómoda cuando se vive en una isla.

Esta agenda procura transformar a Costa Rica en agente de cooperación regional en energías renovables, turismo sostenible y pago por servicios ambientales de nuestro bosque. También en carbono-neutralidad, en especial ahora que Japón se ha lanzado a promover mundialmente el crecimiento económico bajo en emisiones. Además, la biotecnología es un área en la que ambos países podrían generar mucha riqueza económica y a la vez acrecentar la riqueza natural que hospeda nuestro territorio nacional.

Con la visita de la presidenta Chinchilla a Japón en diciembre pasado, quedaron posicionados varios temas de esta agenda verde al más alto nivel ante instituciones japonesas. A partir de aquí, el trabajo consiste en transformar iniciativas en proyectos de creación de valor compartido considerando las oportunidades que surjan de combinar las fortalezas de ambos.

Queda claro que el avance y culminación de estos temas depende de una gestión interinstitucional que involucra a varios ministerios e instituciones públicas, organizaciones académicas y no gubernamentales y de la empresa privada. La Tercera Revolución Industrial está en camino y ya se vislumbran nuevos liderazgos apegados a criterios de desarrollo que garanticen a las generaciones futuras la calidad de vida que hemos disfrutado hasta hoy.

Wednesday, February 29, 2012

Agenda regional América Latina-Japón

Recientemente fui convocado por la Cancillería japonesa junto con los demás embajadores de América Latina y el Caribe para participar en una iniciativa de su nuevo director general para nuestra región que consiste en mantener reuniones periódicas con este grupo de jefes de misión. La reunión era fundamentalmente para escuchar lo que teníamos que decir en cuanto a objetivos, temas y metodología de trabajo de este ejercicio.

Me sigue pareciendo que la agenda que más le conviene tanto a los países de la América no-anglosajona como a Japón es una agenda de crecimiento verde que consista, al menos, en cuatro áreas de intercambio: 1. Conservación medioambiental de tierras y mares; 2. Valoración económica de ecosistemas y biodiversidad; 3. Bio-innovación, sobre todo biotecnología; y 4. Nuevas tecnologías para la generación de energías renovables.

Si América Latina posee el 50% de los bosques lluviosos del planeta y acapara el 40% de toda el agua potable del mundo, no hay duda de que somos una región que aporta a la causa global un inmenso valor socioeconómico en forma de agua potable, aire limpio y alimentos producidos esencialmente con agua, sol y tierra fértil, y estos tres factores de producción abundan en América Latina como en ninguna otra región del mundo.

Quince de los treinta países con mejor eficiencia ecológica se encuentran en América Latina. Esa tendencia es el resultado de una manera particular de desarrollarnos en relativa armonía con nuestros bosques, ríos y mares. Al decir relativa, dejo plasmada la urgente cuestión de que atendamos aquellas áreas por mejorar en nuestro desempeño ambiental y nuestras metas de sostenibilidad para mejor mitigar y adaptarnos al cambio climático.

Sin embargo, ese aporte planetario no ha sido monetizado de manera que entendamos los latinoamericanos la riqueza que poseemos, que no es nuestra, pero sí es nuestra responsabilidad administrarla como estados soberanos. La responsabilidad es global, y este es un tema ético que debería estar a la cabeza de toda discusión de comercio e inversión con América Latina.

Aproveché para mencionar en dicha reunión dos temas: primero, que si bien la diplomacia tradicional suele velar por los intereses nacionales de los estados que integran el "concierto de las naciones", los principales problemas que enfrentamos en la actualidad son de índole global. Así que el tiempo que dedicamos a la discusión de intereses nacionales es tiempo que dejamos de dedicar a la discusión de asuntos globales, tanto en lo que nos afectan a lo interno de nuestros países, como en lo que podríamos contribuir a su solución según las mejores prácticas que cada país haya logrado innovar e implementar exitosamente.

Lo segundo es que, independientemente de los objetivos, temas y metodología del grupo, deberíamos seguir el principio rector de la creación de valor compartido. Esto es, a partir de las fortalezas nacionales y regionales que tenemos, identificar oportunidades de innovación sinérgica.

Recuerdo a Einstein cuando dice que "no lograremos salir de los problemas pensando de la misma manera como lo hicimos cuando caímos en ellos." Debemos emplear el "design thinking" (pensamiento diseñador) para crear nuevos paradigmas que nos permitan transformar eficazmente los problemas globales que nos aquejan.

A propósito, el nuevo señor director general para América Latina de la Cancillería japonesa es experto en cambio climático. ¡Qué buena oportunidad para escuchar de él la posición oficial del gobierno japonés y el diagnóstico de ese severo y preocupante conflicto global!

América Latina cuenta con fortalezas naturales que la hacen quizás la región más resiliente a los peores escenarios del cambio climático que se vislumbran. Esa oportunidad debemos aprovecharla con determinación e iniciativa y no esperar una neo-colonización que nos diga nuevamente qué debemos hacer y por qué. Más bien, somos nosotros los que debemos decirle al mundo qué deben hacer y por qué.