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Thursday, January 19, 2017

Xi Jinping en la ONU-Ginebra: el nuevo liderazgo global ha llegado


Hace varios años no sentía el optimismo y la esperanza por el futuro del planeta y de la humanidad como sentí esta noche, mientras escuchaba al presidente chino, Xi Jinping, en su discurso en el salón principal de las Naciones Unidas en Ginebra. Me hizo recordar los años en China en los que escuché docenas o quizás cientos de veces los discursos oficiales del gobierno que repetían incansablemente los valores de paz y reconciliación, justicia e igualdad, soberanía y gobernanza inclusiva, como elementos sin los cuales era imposible alcanzar el verdadero desarrollo, uno que fuera, además, sostenible.

El presidente Xi empezó su reflexión recordándonos que sólo existe un planeta Tierra en el universo y que es el único hogar que tiene la humanidad. La claridad incuestionable con la que manifestó el compromiso de su país por combatir el cambio climático me recordó que, durante los últimos diez años, ningún país ha invertido más en energías renovables que China. Están haciendo lo correcto sin dilaciones y con una asertividad inusual entre los liderazgos que vemos hoy en día en el planeta.

No sólo se refirió al Acuerdo de París, sino que hizo referencia específica a un crecimiento verde y bajo en emisiones de carbono, además de la necesidad de contar con un estilo de vida que sea circular en el uso de recursos naturales. Llevo 15 años leyendo esta teoría y jamás pensé escucharla en un líder público. Pues lo escuché esta noche, y, más que sorprenderme, me dio enorme gusto saber que fue del líder chino.

Continuó diciendo que el ser humano debe vivir en armonía con la naturaleza y que todo daño que le causamos al medio ambiente se nos devolverá en algún momento y de alguna forma. De manera muy poética, como sólo el idioma mandarín lo permite, dijo que difícilmente nos percatamos del aire, del agua, de la tierra o del cielo azul cuando los tenemos, pero que sin ellos no sería posible sobrevivir.

Con la misma seriedad y sentido de urgencia de combatir el cambio climático se refirió a la necesidad de aunar esfuerzos para eliminar todas las armas nucleares, combatir el terrorismo global, la problemática de millones de refugiados alrededor del mundo y atacar las enfermedades contagiosas en cada rincón del planeta.

En lo económico, expresó su deseo de que se sigan las normas comerciales multilaterales de la Organización Mundial del Comercio para alcanzar una globalización económica que nos permita agrandar el pastel y asegurarnos de compartirlo de manera justa y equitativa. Dijo que la realidad global también ofrece soluciones, y que lo más importante que China aprendió de la gran recesión global que inició en 2008, es que se debe fortalecer la coordinación en la gobernanza global para promover un crecimiento económico global abierto, incluyente, balanceado y beneficioso para todos sin excepción.

En lo político, se refirió a las intenciones chinas de forjar relaciones bajo la premisa sinérgica de ganar-ganar con los principales socios políticos y comerciales, y establecer alianzas basadas en el diálogo y no en la confrontación, ni en el criterio de poderío hegemónico de imponer intereses y valores en otros. Mencionó la importancia de alcanzar acuerdos por medios pacíficos e idear nuevos mecanismos más eficaces para resolver conflictos.

En temas de paz, nos recordó una verdad que a veces olvidamos, quizás porque tenemos el sesgo o la adicción por los conflictos más que por la paz. Dijo que las fuerzas de la paz exceden enormemente los factores de la guerra, y cuánta razón la que tiene. Luego citó mi manual de paz favorito, el milenario texto que guía los asuntos de Estado de los gobiernos chinos desde hace 2500 años: “El Arte de la Guerra es de importancia vital para el Estado. Es una cuestión de vida o muerte, el camino hacia la salvación o hacia la ruina. De ahí que es un asunto que no debe ser ignorado.” Afirmó, precisamente, que es un conjunto de preceptos éticos para alcanzar la paz y que debemos estudiarlo cuidadosamente. ¡Todos a desempolvar el librito! En la misma dirección de la paz, celebró la diversidad cultural de todos los pueblos y que la interdependencia entre ellos nos conduce hacia la innovación y la prosperidad. 

Sin duda, el presidente Xi le ha hecho honor al tema del Foro Económico Mundial de Davos de esta semana sobre liderazgo responsable. Incluso citó a Confucio y su versión milenaria de la regla de oro: “lo que no desees para ti, no lo hagas a otros,” y reafirmó que China estará bien sólo cuando el resto del mundo esté bien. Más claro no canta un gallo.

A propósito de gallos, celebró por anticipado el inicio del Año del Gallo de Fuego o gallo dorado que inicia el próximo 28 de enero y dijo que el canto del gallo dorado implica un nuevo amanecer para todos. 


Todo el discurso ha sido música para mis oídos. Reflexioné en algo que he pensado desde que empecé a ser usuario de redes sociales, y es que somos lo que comemos, una simple verdad que aplica tanto para los alimentos con los que nutrimos el cuerpo, como para la información con la que instruimos el intelecto y cultivamos el espíritu. La diferencia entre ruina y prosperidad bien podría estar en nuestras actitudes y en la información de la que se nutren. Así que me pueden servir este discurso para el desayuno, para el almuerzo y para la cena, todos los días de esta semana.

Saturday, September 28, 2013

¿Por qué forjar la paz?

Me resultaría imposible escoger la madre, esposa o hija a quien pedirle enviar a su hijo, esposo o padre a la guerra. Bien lo dijo Ryoichi Sasakawa cuando expresó, llegando a Costa Rica: "Dichosa es la madre costarricense que sabe, al dar a luz, que su hijo jamás será soldado."

Costa Rica es un país con el raro privilegio de haber prescindido de la institución militar. Aquella decisión de hace 65 años ha producido enormes beneficios, además de todos los costos que ha evitado, no sólo en recursos financieros que el Estado ha podido invertir en el porvenir de los costarricenses, sino en recurso humano, en progreso social y económico, en desarrollo político y diplomático, artístico y cultural, profesional y laboral, y en tantas otras áreas de nuestro quehacer nacional donde no hay cabida para soldados.

La cultura de paz aún no se consolida. El hecho de haber renunciado a las armas apenas garantizó que nunca, jamás, las usaríamos para agredir a un vecino o a nosotros mismos. Ese grado avanzado de civilización que nos distingue en el concierto de las naciones ya lo alcanzamos. Ahora lo que debemos hacer es forjar la paz.

La definición de este inmenso valor universal que prefiero es la de Johan Galtung:

"Paz es la capacidad de transformar conflictos de manera empática, creativa y armoniosa."

Para ello existen cientos de metodologías, miles de expertos y muchos más casos de éxito en el mundo. Aparte de ese valioso conocimiento también se requiere de un conjunto de virtudes, tales como la actitud proactiva de querer la paz, la autoestima colectiva para apoyarnos mutuamente en esta gesta, la visión del país que queremos dejar en herencia a nuestros nietos cuando ya nos hayamos retirado, la valentía de ir más allá de las agresiones recibidas, y la convicción de que es más fuerte, más vigorosa, más sostenible y más próspera la paz que cualquier guerra.

Tuesday, August 06, 2013

Hiroshima: 68 años de paz

Para quienes amamos la paz y laboramos para forjarla, estar en Hiroshima en la ceremonia oficial de conmemoración de la detonación de la bomba atómica es un raro honor que obliga a reflexionar profundamente y compartir las lecciones que este evento nos recuerda año a año. 

La guerra ya había sido lo suficientemente cruenta. ¿Cuál guerra no lo es? Había pobreza por doquier, desesperanza sobre el sombrío porvenir y aún continuaba el combate. La noche antes sonaron sirenas de amenaza de bombardeo durante toda la noche, atemorizando a la ciudad entera de 400.000 personas. Hiroshima era de las pocas ciudades japonesas que no había sido bombardeada todavía. Sin embargo, la noche transcurrió sin incidentes y al amanecer se silenciaron las sirenas. Debe haber sido un silencio ominoso. 

A las 8:15 de la mañana, cuando la gente intentaba nuevamente acceder a la normalidad de un estado de guerra que ya se prolongaba en Japón por demasiados años, cuatro aviones bombarderos sobrevolaron la ciudad y uno de ellos liberó la que sería la primera bomba atómica sobre un territorio habitado por seres humanos. 

La bomba detonó a 600 metros sobre el suelo. Su efecto causó un domo de fuego que calcinó a la ciudad en un radio de dos kilómetros del hipocentro, con temperaturas de hasta 4000 grados centígrados. Todo en ese radio fue evaporado o reducido a cenizas en dos segundos. Una gran luz, un gran retumbo, seguidos de una oscuridad como si fuera de noche y de un silencio sepulcral, literalmente. 

Los sobrevivientes quedaron inmersos en la vasta confusión de quien no sabe qué sucedió con todo aquello. Quemados hasta los huesos, muchos murieron implorando por agua al anochecer. Otros batallaron hasta fallecer días o meses después. Para diciembre de aquel 1945, 140.000 habitantes de esta ciudad habrían fallecido como consecuencia directa de la explosión atómica. 

Las secuelas que dejó la bomba se sienten hasta la fecha. Miles de niños huérfanos, decenas de miles con enfermedades desconocidas producto de la radiación que fueron denominadas "enfermedades de la bomba atómica", y la inmensa mayoría, víctimas de la discriminación de otros por temor a estar contaminados con radioactividad. 

Han pasado casi dos generaciones y el recuerdo de aquel día todavía refleja lo absurda que es la guerra. Hombres trabajan intensamente para que mujeres y niños, inocentes e indefensos, sufran y mueran. Así se mide el "progreso" de la campaña. Se consumen todos los recursos disponibles, sobre todo las mejores mentes y manos de los mejores jóvenes, para seguir disparando, atacando, invadiendo, anotándose triunfos pírricos. Preguntarse quién gana una guerra es como preguntarse quién gana un terremoto o un huracán. 

En la ceremonia oficial de hoy, hubo primero una ofrenda de agua para las víctimas que aquel día murieron de sed, quemados por dentro y por fuera. Cinco pájaros negros, cuales invitados lúgubres, sobrevolaron el cenotafio en honor a las víctimas al son de una música fúnebre, solemne y estremecedora. 

Según relatara anoche el señor Keijiro Matsushima, sobreviviente de la bomba atómica que tenía 16 años aquel día, el accidente nuclear de 2011 en Fukushima equivalió a una tercera bomba atómica para Japón, sobre todo para los miles de habitantes de la localidad que han sido desplazados  permanentemente de sus tierras, de sus casas, de sus comunidades. "No estábamos preparados para el uso de la energía nuclear, aún con fines pacíficos", relató.

Por ello la energía atómica, empleada para bien o para mal, reitera el absurdo de su poder destructivo. Que haya países que aún intenten desarrollar esas tecnologías o compartirlas con otros, o los que comercien la materia prima y material radioactivo para la generación de esta fuente de energía es, además de una vergüenza para la civilización, una amenaza constante que se cierne sobre la humanidad y que atenta contra toda la vida en el planeta. 

Este es mi sesgo en parte por ser un activista de la paz, en parte por ser un ciudadano de la desmilitarizada República de Costa Rica. Se requiere mucha valentía para abolir un ejército militar como lo hizo mi país 65 años atrás. Sugiero que se requiere igual valentía para abolir y erradicar de la faz de la Tierra las armas y la energía nuclear. De esa valentía deben estar dotados nuestros líderes y gobernantes. 

Hago eco de las palabras que dejó inscritas para siempre en el Museo de la Bomba Atómica aquí en Hiroshima, el 6 de octubre de 1990, el Dr. Óscar Arias Sánchez, Premio Nóbel de la Paz: 

"Que las imágenes de este museo se graben en las mentes de los hombres y mujeres del mundo para que nunca más se repita una tragedia semejante. Porque la paz no tiene fronteras, por conseguirla debe trabajar la humanidad entera."



Wednesday, March 27, 2013

Amenazas militares de Corea del Norte contra Japón


El acontecimiento geopolítico más relevante de este mes de marzo para el Japón ha sido la amenaza de ataque militar por parte de Corea del Norte, que resultó de maniobras de la fuerza aérea estadounidense sobre cielos surcoreanos. Dichos ejercicios fueron interpretados por autoridades norcoreanas como una provocación y un ensayo para una eventual invasión a su territorio.

La expresión de violencia militar, política y diplomática fue dirigida específicamente a las bases militares estadounidenses en Japón y Guam, argumentando que es de bases en estos lugares de donde despegaron los bombarderos utilizados en los vuelos de entrenamiento.

La notoria agresividad del régimen norcoreano se ha visto exacerbada en días recientes por las sanciones impuestas por Naciones Unidas el mes pasado en respuesta a la tercera prueba nuclear realizada por Norcorea en el mismo mes de febrero. Adicionalmente, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha aprobado la semana pasada la creación de una comisión para investigar supuestos abusos de derechos humanos en Corea del Norte.

Es destacable, en esta oportunidad, el aumento de tensiones en la región del Lejano Oriente o Asia del Este, concretamente entre Japón, China, Corea del Sur y Corea del Norte. Los últimos seis meses han sido de un ruidoso incremento del discurso hostil, desde el verano anterior en que se agitaron las aguas por disputas territoriales entre Japón, por una parte, y China y Corea del Sur, respectivamente, así como la reciente detonación nuclear norcoreana y esta última manifestación ofensiva de amenaza de ataque militar.

Para una democracia desmilitarizada como la costarricense, este escenario geopolítico es inaudito y deplorable. Mientras nuestro país avanza una agenda de prosperidad basada en el desarme, la sostenibilidad y la creación de valor socioeconómico y ambiental a través de la implementación exitosa de los derechos humanos, en pleno Siglo XXI el este asiático pareciera estar reviviendo el teatro vivido durante inicios del siglo pasado y la consecuente guerra mundial que vio, en esta zona geográfica, una de sus manifestaciones más cruentas y violentas.

Es menester mantener la firmeza de la posición histórica costarricense basada en intereses y principios que promueven la convivencia pacífica entre naciones y estados y expresarse con vehemencia ante manifestaciones belicistas que, de ninguna manera, ofrecen ni proponen opciones para la creación de valor en torno a medios pacíficos.

Se debe considerar, además, la posibilidad de que la autoridad moral de Costa Rica pudiera aportar mejores prácticas para la transformación de estos conflictos que son, por ahora, fácilmente desescalables en términos de los costos en los que se debe incurrir para obtener los beneficios que traería otro tipo de entendimiento entre las partes.

Más allá de lo específicamente local del conflicto y lo que pudiera afectar a los actores directos, la alteración de la armonía en las relaciones internacionales significa una pérdida para toda la comunidad global en el sentido de seguridad y en las expectativas de prosperidad que se procuran a nivel doméstico en todos los rincones del mundo. Ello sin entrar a considerar el impacto económico que tendría un incremento en la belicosidad en las semanas y meses siguientes, en tiempos de cadenas globales de valor que integran industrias enteras vinculadas prácticamente a toda región del orbe.

Por lo expuesto, el liderazgo de Costa Rica, si bien tan solo indicando lo que no anda bien y cómo reenfocarlo hacia la paz, podría resultar un instrumento innovador en lo que algunos sugieren son los albores de la Guerra Fría del Siglo XXI. 

Thursday, July 19, 2012

Entusiasmo y empoderamiento de líderes y facilitadores

Estimado Warner, 

Muy pertinente la pregunta, si a lo que se refiere es al "tweet" de que cada persona es un líder y lo que se requiere son facilitadores para que los entusiasmen y empoderen. La comunicación es a veces inefectiva y si no era a esto a lo que se refería, por favor obvie este comentario. 

Durante diez años trabajé como voluntario internacional en la promoción de la paz por medio del desarrollo de competencias interculturales. Buena parte de esos años mi labor era entrenar líderes y entrenadores para ejercitar en ellos dos destrezas: el estilo de liderazgo propio de cada persona y los conceptos básicos de la facilitación en grupo. 

Como todo proceso educativo, esta es una manera eficaz de generar capital humano. Además, creo que es una manera efectiva de generar capital político, o sea, la capacidad de persuadir a otros a través de nuestras ideas. Ello edifica la confianza, promueve el diálogo y genera innovación social. Las transformaciones que he visto repetidas veces en personas -principalmente niños y adolescentes, y muchos adultos también- son sorprendentes, y veo este como un eslabón que está faltando en la cadena de valor del sistema psicopolítico y socioeconómico de nuestro país y de muchos otros. 

No creo tener respuesta concreta a su pregunta respecto a la distancia que existe entre esta sugerencia y la realidad. Propongo que hagamos un análisis de costos y beneficios tomando como meta la capacitación de diez mil líderes costarricenses en los próximos 8 años. No tienen que ser todas personas con aspiraciones políticas, ni tienen que ser todos adultos. Idealmente, que sean representativos de todos los sectores de la sociedad. Que se sometan a una capacitación voluntaria de 20 horas (un fin de semana intensivo o dos horas los viernes en la noche por diez semanas, da lo mismo), que los facilitadores sean voluntarios, y que el proceso sea incluyente de todas las "tribus" de nuestra sociedad (ideología, partido político, orientación sexual, oficio, domicilio, etc.) y absolutamente transparente, reclutando participantes y divulgando metodologías, desafíos, logros y áreas por mejorar en redes sociales para que, quien no participe en la primera "generación" pueda aprender un poco y entusiasmarse a participar en la siguiente. 

Si hiciéramos esto, confío en que tendríamos una celebración del bicentenario patrio muy diferente a que si lo celebráramos hoy.